martes, 11 de marzo de 2008

Este relato erótico ha sido creado a medias con "Freelance", autor de otras buenas historias en TR, con quién ha sido muy divertido fabricar este explosivo texto cargado de energía, sexo a tope y además todo... en el plan más morboso y salvaje posible.

¿Te acuerdas de aquella mañana Miguel? ¿La del día que me caí?

¿Cómo olvidarla, Lydia? Fue una de las mejores mañanas de la historia. Primero la de conocernos y la de tener tantas sensaciones después.

Ya lo creo, recuerdo que me levanté temprano y me puse a hacer footing por la urbanización, como hacía otros días radiantes de sol como aquel. Al llegar al descampado donde se acaba la carretera, me torcí un pie con un bache y me quedé tirada en el suelo con un dolor tremendo en mi tobillo.

Sí. Yo iba a recoger mi coche para ir al trabajo como todos los días, cuando descubrí a una mujer que parecía tener problemas. Estabas sentada en el suelo y parecías no poder levantarte. Me acerqué y te reconocí, la hermosa vecina con la que apenas había hablado, pero que siempre me pareció tan atractiva. Y aquella mañana lo estabas más.

Pues a mí me pasó exactamente lo mismo, me había fijado en ti otras veces, pero cuando te tuve tan cerca, me dije a mi misma la suerte que tenía de haberme torcido el tobillo. Con aquellos ojos con los que me mirabas… me hacías quedarme atontada.

Pues tú no me dejaste indiferente, precisamente. Llevabas unas mallas blancas ajustadísimas... Esas que usabas cuando practicabas tu ejercicio diario. Me pediste ayuda, porque te habías torcido el pie y que no podías andar. Parecías asustada, así que me ofrecí para echar un vistazo.

No era susto precisamente lo que tenía, ya que el tobillo era lo de menos, sino la impresión que me causaste. Que suerte tuve de tenerte allí, quizás ahora no estaríamos hablando de aquello. Ya te conocía de vista, pero de cerca me pareciste mucho más guapo que las otras veces y sobretodo tu mirada...

Te quité con mucho cuidado la zapatilla, baje despacio tu calcetín para dejar el pie completamente desnudo. Pude ver una pequeña hinchazón en el tobillo, pero al palpar el bulto, descubrí que se trataba simplemente de una torcedura. Como había jugado al fútbol durante años, yo mismo había recibido masajes para esos casos por lo que me resultó sencillo darte un masaje reparador en el sitio indicado.

Que buenas manos Miguel, tenías excelentes nociones para curarme y me diste unos masajes en el tobillo más que agradables, tanto que no solo se me quitó el dolor del pie al instante, sino que me subió un cosquilleo por mis muslos hasta mi entrepierna fuera de lo normal. No sé exactamente si por la situación, por cómo me mirabas, quizás la mañana soleada y radiante o simplemente por el maravilloso masaje que acababas de darme pero te juro que pocas veces me había puesto tan cachonda de esa forma tan tonta y en tan poco tiempo.

Pues fue mutuo, el tener tu pie en mi mano hizo que le echara un poco de cuento, y más para poder mirarte detenidamente (ya que estabas mirando al suelo con un presunto gesto de dolor), pero es que Lydia… las mallas que llevabas… uffffffff tu raja se marcaba descarada y estupendamente en la tela…

Si, recuerdo que llevaba una camiseta que dejaba al aire mi ombligo y tus ojos recorrían toda mi anatomía y reconozco que aquellas mallas eran súper ajustadas y algo pequeñas lo que producía el efecto de moldear mis muslos y remarcaban aún más los labios de mi coñito que en ese momento notaba tan caliente. La rajita estaba ante tus ojos palpitante ¿No?

Y tanto. Pude seguir toda su longitud perfectamente, ya que las mallas estaban bien metidas en ella. Además, tus pechos se bamboleaban por las muecas de dolor y tus movimientos.... marcando unos pezones… quizás por el masaje, quizás por el nerviosismo que claramente te embargaba.

Desde luego la forma en que me mirabas era una de las cosas que más caliente me ponía, no podía evitarlo pero deseaba tanto que me besaras, que me tocaras sin parar. La sensación era ardiente para los dos…

Todo esto hizo que un escalofrió me recorriera… que mi entrepierna respondiera, aunque conseguí ocultar mi estado. Masajeé tu pie unos minutos… pero no quise perder la oportunidad, así que te pedí que te dieras la vuelta, aduciendo que debía ver como tenías el talón.

Yo obedecía sin rechistar como una niña buena, esperando que en cualquier momento me dijeras que estabas tan cachondo como yo.

Sí, estabas agradecida y dispuesta y no parecías entender que lo que quería era ver tu culo en todo su esplendor enfundado en aquellas mallas… Dios.... que maravilla… podía ver tus nalgas perfectamente marcadas... así como el minúsculo tanga que llevabas.

Si, recuerdo que era uno pequeñito que solía usar para que no se me remarcara bajo esa prenda tan ajustada. Yo también creía ver que bajo tu pantalón se había producido una hinchazón algo especial, al menos es lo que pensaba e imaginaba como debía ser al natural, teniéndote desnudo frente a mí.

Seguí dando masajes durante unos minutos y comprobé que, aunque con dolor, podrías caminar... así te lo dije, ofreciéndome a acompañarte hasta tu casa por si necesitabas ayuda.... y disimulando mi erección por el maravilloso “paisaje” que había visto durante todo el masaje.

No te puedes imaginar lo que sentí al notar tu mano en mi cintura para ayudarme a levantarme, sintiendo el calor de tu piel sobre la mía Me agarré a tu hombro. Que gusto estar abrazada a ti.

Debido a tu camiseta corta, mi mano se posó a propósito sobre tu piel. Aquel contacto hizo que mi polla se pusiera aún mas tensa, Lydia. Tenías una cintura tan suave… Me gustaba sentirte aferrada a mi hombro, y de esta guisa comenzamos el camino de regreso a tu casa. Andabas cojeando visiblemente, así que a cada paso, tus tetas rozaban mi costado, y mi mano recorría buena parte de tu cintura. Me dijiste:

- “A ver si vas a llegar tarde a trabajar por mi culpa”

Aun recuerdo tu contestación:

- Por alguien como tú, me pueden echar del trabajo.

Aquello me encantó y nos dirigimos hasta casa poco a poco, ayudada por tus fuertes brazos. Quería que aquel abrazo durase horas.

Te reíste, de una forma preciosa. Seguimos caminando despacio… y en un momento dado mi mano ascendió más de lo normal en tu cintura, al subir un bordillo… aunque realmente fue sin querer, te lo prometo, ya que se debió al saltito a la pata coja que diste para subirlo.

Y a mi no me importó en absoluto. Ese pequeño chispazo de sentir tu mano en contacto directo con mi teta derecha fue superior a mí. Te aseguro que te hubiera besado como una desesperada en ese instante.

El rocé de tu pecho fue breve... pero me pareció muy erótico. Disfruté de aquel brevísimo contacto enormemente... y me pareció ver tu pezón más marcado que antes por ello, aunque lo achaqué a que, tras el esfuerzo de correr... te esforzabas por andar. Dios... podía mirar a gusto tu culo y tus tetas… uffffffffff son estupendas… y la vista de tus mallas marcando descaradamente la raja de un coño que me venía a la mente continuamente. Nunca te tuve tan cerca.

Los pezones estaban ya algo duros, pero es cierto que cuando me rozaste de esa forma pasando desde mi cintura hasta arriba, se pusieron aun más tiesos.

Te sujetaste a mí mientras abrías la puerta, e iniciamos el ascenso del pequeño tramo de escaleras hasta el ascensor. Al subir el cuarto y penúltimo escalón, no sé que te pasó, pero resbalaste (o hiciste que resbalabas, ahora ya no lo sé) y, en mi afán por sujetarte, mi mano se posó descaradamente en tu nalga.

Si, lo cierto es que creo que tropecé realmente pero no por mi tobillo, sino porque no atinaba con nada tras el roce fortuito sobre mi pecho, pero ya casi me desmayo cuando sentí tu mano sobándome así en el culo… Y lo mejor que no dijimos nada ninguno cuando continuamos en esa posición, yo agarrada a tu hombro y tú a mi culo.

Uffffff que maravilla. Como no pusiste objeción alguna en primer toque, mi mano siguió en tu culo hasta llegar al ascensor, aprovechando el descuido. Y noté, al tocarte, que debajo de aquellas mallas se escondía un tanga aún más diminuto de lo que sospechaba, pues me pareció palpar perfectamente el hilo en su parte trasera... un hilo fino que se metía en tu raja.. A estas alturas, escondía mi erección bajo la camiseta como buenamente podía.

No quería pensar que todo aquello era fruto de la casualidad y lo que deseaba era que siguieras sobándome entera, sentir tu lengua, tu cuerpo, tu polla que debía estar deliciosa… ufff que caliente estaba, no lo podía evitar, Miguel, nunca había estado tan acalorada...

El trayecto en el ascensor hasta llegar a tu piso fue una delicia y un sufrimiento a la vez. Sentía tu precioso cuerpo tan cerca que tenía que sujetarme para no saltar sobre ti, y besarte, acariciarte… y follarte salvajemente allí mismo.

Que conste que tampoco hubiera puesto ningún tipo de objeción, si me hubieras echado el polvo del siglo en el ascensor. Estaba dispuesta a todo, Miguel.

Veía perfectamente tus pezones marcados en el top. Estaban erectos y marcaban la tela deliciosamente. A su vez, los labios de tu coño se abrían para que la tela de las mallas se metiera dentro, dando una perfecta imagen en 3 dimensiones de lo que debía ser un precioso coño. Para rematar, estabas apoyada en mí para no caerte y sentía el tacto de tu pecho en mi hombro… Dios... ¡¡Aquello era una prueba de autocontrol!!

A duras penas, pues no quería abandonar el ascensor, fuimos hasta la puerta de mi piso, pero muy educadamente dijiste que te tenías que ir. Me quedé algo confusa pues no quería que aquello pasara, deseaba seguir a tu lado, oírte, verte, tocarte…

- Por favor, quédate…” dije de pronto y añadí después… “al menos déjame invitarte a desayunar…”.

No podía negarme a un desayuno contigo, ¡¡que le den por culo a mi jefe!! pensé. Cuando te dirigiste a la cocina a preparar el café no pude evitar mirarte mientras avanzabas cojeando.

Yo también hice mi paseo hasta allí intentando mostrar mi culo de la mejor forma posible, meneándolo ante ti, sabiéndome observada, con un movimiento sensual de mis caderas.

En un momento dado, tuviste que agacharte a coger algo de un mueble, y debido a la cojera lo hiciste abriendo un poco tus piernas. Entonces pude ver perfectamente marcado un precioso culo, un mas que diminuto tanga, y al agacharte algo más… un tentador coño que más que marcarse parecía querer salirse de aquellas mallas. Durante apenas dos segundos, pude ver perfectamente la raja de tu chocho marcada por la tela de las mallas que se te metía hasta no poder más.

Seguí disimulando mi cojera al acercarte la bandeja con el café pero mi excusa era perfecta para que no me abandonaras, sobretodo cuando melosamente te agradecí quedarte conmigo en esa situación.

Entonces tropezaste de nuevo, pero esa vez, hacia delante… vertiendo el café por mis pantalones y parte de tu ropa. Esta vez pareció más creíble.

Es que soy buena actriz, también lo hice a propósito, aunque tampoco era muy consciente de lo que hacía, todo sea dicho. Cuando toda la bandeja cayó sobre los dos, nuestros cuerpos volvieron a juntarse que era lo que más deseaba en ese momento.

Me dijiste estar muy avergonzada, que me habías puesto perdido, pero yo le quité importancia:

- No pasa nada, no te preocupes. Paso a casa y me cambio en un momento –te comenté.

Además, parecía que habías vuelto a hacerte daño en el tobillo al caer. Y lo peor era que probablemente te cambiarías de ropa también, así que perdería el grato “paisaje” con el que me estabas deleitando. Eso sí, cuando tropezaste, casi inconscientemente volví a sujetarte para que no cayeras al suelo, y lo logré, pero con una de mis manos posándose claramente en tus tetas y rozando un pezón que pude adivinar muy erecto... muchísimo.

Nos pusimos perdidos con el café. La verdad es que me salió bien la jugada y al ver tu mancha en los pantalones, en aquella zona tan comprometida, sonreí viendo que puntería no me faltó.

- Déjame al menos limpiarte un poco” – añadí.

No dije nada. Saliste del salón y al minuto, tu regreso era, sin cojera ninguna acompañado de un vaivén de caderas y con un algodón y algo más en tu mano, que supuse era un quitamanchas. Intenté levantarme del sofá, pero cuando hice el movimiento ¡¡te arrodillaste entre mis piernas!! Restregabas con el algodón la mancha de café de mis muslos, sonriéndome de vez en cuando, quizás por mi cara de sorpresa.

Imagino que debías estar alucinando, pero es que ni yo misma me creía lo que estaba haciendo, allí arrodillada entre tus piernas y frotando con descaro aquella comprometida mancha a la altura de tu sexo

Lo hacías con energía, y pude admirar el bailoteo de tus tetas al hacerlo.

Después tus frotaciones pasaban a la mancha que estaba prácticamente sobre mi polla. (que, por cierto, estaba en estado de juerga).

Eso fue la locura. Sentir aquello de esa forma ya no me dejaba lugar a dudas el estado en el que se encontraba… Totalmente en erección, durísima… Dios que gusto poder rozarla… Lo hice varias veces, quitando importancia a la situación, solo sonriéndote de vez en cuando como si aquello fuera lo más natural del mundo. A mí me volvía loca, notar entre mis dedos como una cosa dura iba creciendo más y más.

Mi rabo estaba ya pidiendo guerra cuando de pronto te levantaste para decirme:

- “será mejor que te quites los pantalones, así no hay manera de quitar la mancha”.

Hubo un momento de silencio, donde me mirabas contrariado, imagino que intentando asimilar lo que te estaba pidiendo.

Como para no, Lydia… Me quedé alucinado. No podía creer lo que sucedía, a pesar de que era una situación soñada por cualquier hombre. “No te molestes, ya lo mandaré al tinte” contesté aún poseído por mi yo “caballero” ¡¡cuando lo que deseaba era quitarme los pantalones y darte con lo que ocultaban allí donde me dejaras hacerlo!!

Viendo que te me podías escapar, no sé cómo, pero algo me empujó a decirte que no sintieras vergüenza y sin dejarte responder me quité las mallas ajustadas dejándolas deslizar por mis muslos para que comprobaras que así estábamos en igualdad de condiciones.

Entonces si que aluciné del todo, cuando quedó ante mis ojos el tanga más minúsculo que jamás había visto, y unas piernas entre las que cualquier hombre desearía perderse. No pude evitar abrir la boca al verte así… recorrí la espléndida vista desde tus tobillos, pasando por tus piernas y acabando allí donde la tela intentaba en vano ocultar tu coño, que se rebelaba y mostraba claramente, ya que el tanga apenas tapaba tu raja

- Venga… no te dé vergüenza que ya somos mayorcitos, y además, ¡¡me sentiré mal si te agradezco tu ayuda con una mancha y una factura de tinte!!. – añadiste segura.

Tampoco se de donde saqué tanto descaro… nunca antes me había comportado así, pero en ese momento quería ser lo que era, una mujer en celo, deseosa de que me tocaras, que me acariciaras...

Dios... aquello era un sueño, Lydia, estaba seguro. No podía tener tanta suerte. Pero en vez de pellizcarme para despertar, me levanté, me desabroché el cinturón lentamente, y me bajé los pantalones, quedándome ante ti en bóxer, y con mi polla en plenitud.

Creí adivinar en un gesto de deseo en tu rostro... un tic involuntario en el que tu lengua paseó apenas un segundo entre tus labios, mientras yo no podía quitar ojo de tu entrepierna.

Supongo que llegué demasiado lejos con aquel juego, Miguel, pero sabía que a partir de ese momento no podrías negarme nada, pues si había alcanzado ese límite, lo demás debería ir rodado. Estaba convencida.

Te pasé los pantalones, y de camino a la cocina menando tus caderas decías:

- “Voy a ponerlos un minuto en agua mientras preparo otro café, y así saldrá mejor la mancha”.

Pude observar detenidamente tu culo, ya que el tanga era un finísimo hilo que se metía en tu raja, y se encontraba mas arriba con otro hilo. Dios, ¡¡era como si no llevaras nada!! Y para remate, los pantalones se te cayeron, y al agacharte… uffffffff al agacharte pude ver prácticamente todo tu coño, ya que la tela del tanga no sólo no lo cubría, sino que se metía sensualmente y por completo en la raja de tu chochito.

Aquella pose también fue intencionada, además lo hice con todo el descaro y toda la insinuación del mundo, quería que no te me escaparas, así que con ayuda del reducido tanga y una vez agachada de aquella postura más que evidente, suponía que sería suficiente para zanjar la huída.

Sabía que, desde luego, no quería dejar aquella casa para ir a trabajar, así que, aprovechando tu estancia en la cocina, llamé al trabajo para decir que me encontraba fatal y no podía ir.

Tras dejar los pantalones en agua para quitar la mancha regresé al salón donde me esperaba aquella polla enorme y que parecía crecer más y más, escondida bajo aquel bóxer ajustado. Me aproximé meneando las caderas de la forma más sensual… con mis pies descalzos y como única vestimenta un tanga semitransparente y una camiseta justa y corta que moldeaba mis tetas además de mis pezones erectos. Aquello era de lo más surrealista y a la vez de lo más erótico y morboso.

Cuando viniste hacia mí, pude ver como el tanga, además de minúsculo, era prácticamente transparente. Ufffffffffff, meneabas las caderas de una forma que no pude menos que pensar en como las moverías sentada sobre una polla. Tu camiseta ajustada marcaba perfectamente tus pezones erectos, supongo que al igual que mi bóxer marcaba mi polla ya en pie de guerra. Ambos sabíamos como iba a acabar aquello, pero nos deleitábamos en el juego, excitándonos más con él. Pude observar perfectamente a través de la tela del tanga tu coño recortado y atrayente. Podía ver tus labios que parecían decir “cómeme”. Me recreé a gusto en tu cuerpo casi desnudo, ya que parecía gustarte la forma en que lo hacía.

- Veo que te gusta lo que ves -te dije cuando vi que tus ojos estaban clavados en mi tanga.

- Por supuesto, nunca había visto nada igual. – fue tu respuesta.

Observé que mi braguita mostraba más de lo que se intuía. Además aquella situación provocaba que tuviera mi sexo más hinchado de lo normal, lo que provocaba que se transparentaran ligeramente mis labios y mi vello recortado en una hilera fina. Me acerqué aun más para que lo vieras desde más cerca y lo hiciste a conciencia.

Cuando te tuve tan próxima a mí… Diosssss, tenía aquel coñito a medio metro… el tanga apenas tapaba o escondía nada.

Me di cuenta que tu camiseta estaba algo manchada también.

- Déjame tu camiseta y la lavamos también. – dije.

Lo que en realidad deseaba era verte desnudo cuanto antes. A simple vista tu cuerpo estaba muy bien formado y quería comprobarlo con mis propios ojos.

Yo te seguí el juego, naturalmente, y te respondí que entonces estaría en inferioridad de condiciones de nuevo. Con tu sonrisa y sin inmutarte te sacaste la camiseta. Ese momento memorable, con tus brazos levantados, la camiseta en tu cuello tapándote el rostro… y esas dos preciosas tetas a mi alcance y vista, hicieron que mi polla (aunque no creo que fuera posible ya) pegara el último “estirón”.

Tus tetas son preciosas, nena y al ver como las admiraba, saltaste ligeramente para que las viera botar… fue sublime.

Lo cierto es que mi pecho es de tamaño medio, pero al levantar los brazos de la forma más sensual que pude y dando ese pequeño saltito para que botasen y se mostrasen en toda su intensidad, percibía como aquella polla que me llamaba, parecía quererse salir del bóxer. Tus mirada no se apartaba del sube y baja de mis tetas…

Deseaba cogerlas, acariciarlas, apretarlas, lamerlas...

- Ahora te toca – te dije sonriendo con mis manos sobre mis caderas… y casi desnuda, pues mi tanga tapaba lo mínimo…

No me hice de rogar, por supuesto, y mi camiseta salió por mi cabeza como poco antes lo había hecho la tuya. Te miré sonriendo... entregándote la camiseta. Entonces, mientras te la daba, me las ingenié para que mi capullo asomara por el borde superior del bóxer. Quería ver como seguías el juego, pues estaba claro que aquello iba a acabar como ambos deseábamos. Sin reparos y mientras cogías mi camiseta, dirigiste la vista a la punta de mi polla, desafiante en el borde del bóxer.....

Eres un malvado, Miguel, aquello me puso a cien. La visión de esa hermosura asomando era demasiado para mí. Continuaba con mis manos en las caderas pero muda, casi sin poder articular palabra ante lo que veían mis ojos. Aquel capullo daba pie a pensar que lo que le seguía debía ser enorme y mi deseo de ver en vivo aquella polla era lo que más me pedía el cuerpo. Tuve que pasar mi lengua por los labios, pues creo que se me caía la baba de ver aquella preciosidad asomándose.

Lo debiste notar, pues guiñaste un ojo y repitiendo la misma frase que te había dicho yo minutos antes:

- Te gusta lo que ves ¿no? – me decías acariciando aquel miembro escondido bajo tu slip y que se asomaba ligeramente de vez en cuando.

Tu cara era un poema, pero más cuando te pregunté:

- ¿Quieres ver que hay debajo?

Simplemente sonreiste soltando un ¡¡siiiiiiiiiii!! precioso. Entonces te recordé que aún llevabas el tanga (aunque parecías haberlo olvidado), y sin darte tiempo a reaccionar pregunté:

- ¿Puedo quitártelo yo?

No me dejaste responder… Simplemente te levantaste del sofá y acercándote hasta mí me miraste con unos ojos que me volvían loca. Tu cuerpo se iba acercando al mío lentamente hasta que casi sin tocarnos pude notar tu calor.

Agarré tu cintura y besé dulcemente tu cuello, haciendo círculos hacia tu garganta y tu barbilla, hasta que nuestras bocas se encontraron en un desesperado beso.

Comenzamos a morrearnos con todas las ganas. Me tuve que agarrar a tu cuello, y al hacerlo mis tetas se pegaron a tu pecho, algo que produjo que tu polla embutida en aquel bóxer diera un respingo divino, ese mismo que esperaba yo dentro de mi chochito.

Me fui arrodillando lentamente, besando desde tu garganta hasta el ombligo, pasando por tus pezones, despacio, recreándome en ello. Tu piel se erizaba según iba bajando. En el momento que mi lengua toco la tela del tanga, siguió el contorno de las minúsculas bragas hacia la cadera... y besé tu piel hasta que empecé a bajar hacia tus ingles.

Me estabas volviendo loca, no podía contener las ganas para que me quitaras el tanga de una maldita vez, estaba cachondísima. Que gusto poder sentir esa lengua sobre mi piel.

Abriste las piernas un poco, pero no me acerqué al centro de tu sexo, simplemente te besé despacio en la ingle, recorriéndola con mi lengua, escuchando tu respiración acelerarse… y tu cuerpo reaccionar deseoso. Volví a ascender por tu ingle a seguir el contorno que el tanga marcaba en tu cintura, hasta llegar a la cadera y bajar por el otro lado. Repetí lo que había hecho antes. Mi lengua recorrió el contorno tan cercano que sentía el calor de tu coño. Tuve que hacer esfuerzos enormes para no lamer directamente tu rajita, pero sabía que mi paciencia tendría un buen premio.

Estaba desesperada porque lo hicieras, no podía aguantar más por sentir esa lengua directamente sobre mi coño palpitante.

Tu calentura subía por segundos. Tus piernas ya se habían abierto lo bastante para que mi cabeza se metiera entre ellas sin problemas, pero seguí lamiendo alrededor de tu tesoro sin tocarlo, sin rozarlo siquiera. Prácticamente gemías ya… y tus caderas se movían en un vaivén que me decía... cómeme ya…

Lo hubiera gritado en ese mismo momento, pues estaba como una perra en celo. Es increíble la habilidad que tienes para ponerme al límite.

Seguí así un minuto… recorriendo el contorno del tanga. Hasta que en un instante, cuando creí que ya era el momento, abrí mi boca todo lo que pude y, por sorpresa, cogí todo dentro... tu tanga y tu coño entraron en mi boca en un movimiento incluso algo brusco.

Aquello me cogió desprevenida… casi me caigo para atrás. La sensación de notar tu boca abierta allí, de repente me hizo tambalear.

Noté tu respingo acompañado de un gemido de placer al percibir cómo mi boca ya comía desesperada tu chocho a través de la tela del tanga, y acompañándolo de un siiiiiiiiiiiiiiii te moviste para ayudarme. Lamí durante unos segundos, ya que cuando empecé, tu tanga estaba húmedo. Entonces dejé de chupar, te miré a los ojos sonriendo y comencé a bajar tu tanga muy despacio, recreándome en la vista de tu precioso coño. Era morenito… cuidado… y muy sabroso.

Tu vista iba de mis ojos a mis tetas y de ahí a mi sexo palpitante que tenías a pocos centímetros de ti. Como me gustaba tu mirada… esa mirada del deseo.

- Mmmmm me encanta ese chochito”… “estás muy buena ¿sabes?”. – me dijiste.

Sonreías arrodillado frente a mí agarrando mis caderas.

- Me lo voy a comer hasta que se deshaga en mi boca. – dije señalando tu lindo coño.

Entonces comencé a besarlo suavemente, abrí tu rajita y mi lengua probó su interior, arrancando un gemido de placer de tu garganta. Pero me cogiste del pelo diciendo:

- Ahora soy yo quien está en inferioridad”.

No quería correrme sin antes poder verte definitivamente desnudo. Mi anhelo era poder quitarte el bóxer y ver por fin esa polla en pleno rendimiento. Estaba más que impaciente por verla en su integridad…

Sonreí y me levanté, pero cuando mis pulgares se metieron en el elástico de mi slip, me detuviste, sosteniendo mis muñecas y diciendo excitada:

- No, no,.. yo lo haré, por favor.

Me agaché frente a ti y me puse en cuclillas mostrando mis piernas abiertas ante tu atenta mirada. Primero posé mi boca sobre la tela, esperando tus reacciones. Pude percibir el calor que desprendía tu miembro duro y como daba alguna sacudida cada vez que mis labios seguían toda su longitud.

Sentir tu boca caliente sobre mi rabo, y aún a través del bóxer, me puso fuera de mí.

Lo notaba y me gustaba vivir ese momento en el que oía tu respiración agitada. Me puse de rodillas… quería ver lo más cerca posible como aparecía ante mis ojos lo que tanto deseaba. Agarré los elásticos del calzoncillo por los costados y lentamente fui bajándolo por ese culo duro que me vuelve loca. Madre mía, que cuerpazo, Miguel… y todo para mi solita…

Cuando bajaste mi última prenda, llegó un momento en que mi polla ya no pudo más y saltó como un resorte, golpeándote en la mejilla, lo que provocó unas risas. Me gustó aquello, y pensé que quizás más tarde, harías que mi rabo “abofeteara” tu carita reclamando una mamada… un juego que me volvía loco, al igual que me pasa cuando una mujer me tumba y se sienta sobre mi boca, siendo ella la que se mueve para que la coma el coño a su gusto.

Que delicia, que gusto sentirla en mi cara. Terminé de bajar el bóxer hasta los tobillos y te dejé en pelotas, teniendo por fin ante mis ojos una anhelada y preciosa polla completamente erecta mirándome y pidiéndome que me la comiera. La agarré con mi mano derecha suavemente y luego más firmemente la noté entre mis dedos, en algo que era suave y duro a la vez…

Era una delicia sentir tu mano cogiendo mi polla haciendo un sube y baja suave, hasta que algo de líquido preseminal salió de ella. Abriste la boca, colocándote de forma que cuando el hilillo de líquido se rompió, cayó en tu lengua.

La paladeé, la degusté y la tragué. Esa gota me supo riquísima… salada y caliente… uhmmmm. Estaba muy cachonda y mi coño me ardía… no aguantaba más…

Verte saboreando esa gotita… Dios… me estaba haciendo perder el control. Luego tu mano comenzó a hacerme una estupenda paja, mirándome a los ojos, con una cara de vicio que me pareció preciosa. Sí que sabías como menear una polla, ufffffffff eres buenísima pajeando, cariño. No pude reprimir mis ganas de decirte cosas, aunque procuré no decir aún nada demasiado fuerte, por si te molestaba. Solo comenté:

- Que bien, nena... que bien lo haces… - y me callé lo que habría querido decir a continuación... que era… “así, zorrita, vamos, sigue pajeándome, que eres estupenda... haces unas pajas de 10 sobre 10, putita”.

Y era lo que yo esperaba también, Miguel… en ese momento estaba tan caliente, que no solo no me importaba, sino que sentía la necesidad de oírlo. Me hubiera gustado que me dijeras lo puta que estaba siendo y lo bien que me sentiría tratándome como tal… era lo que quería: ser tu puta y devorarte con todas las ganas y ahora tenía la oportunidad al alcance de mi mano… nunca mejor dicho, pajeando aquella preciosa polla, tan dura entre mis dedos que parecía de cristal, pero de un cristal caliente y con unas venas poderosas y un glande brillante que deseaba devorar cuanto antes.

Sentía tu mano darme placer, y pensé que si seguías, en poco tiempo mi leche brotaría como un torrente, así que decidí dar un paso más: coger tu cabeza y, sin decir las palabras que, debido a mi estado de excitación tan grande, me apetecía decirte, llevarte en dirección a mi polla, en un gesto inequívoco de lo que quería que hicieses... manteniendo en mi cabeza el “ahora cómetela, cielo, chúpame la polla que seguro que lo haces de maravilla. Cómeme el rabo pequeña putita, que verás como luego te como yo a ti ese chochito”

Te empujé al sofá y quedaste sentado mirando mi cuerpo desnudo mientras yo bailaba sensualmente moviendo las caderas, pasando mi lengua por mis labios calientes y acariciando suavemente mis otros labios, los de mi sexo que también ardían… Eso te gustaba y tu verga daba respingos de alegría…

Dios, como te movías, me ponías a 10000 acariciándote el chocho mientras me mirabas con esa cara de vicio, humedeciéndote los labios con la lengua como si chupases una buena polla.

Me arrodillé entre tus piernas y con mis tetas acaricié la parte interna de tus muslos lentamente arriba y abajo hasta llegar a sus ingles y rozando aquella preciosa daga, que al acariciar mis pezones produjo un escalofrío monumental por todo mi cuerpo, algo que electrizaba. Metí aquella polla caliente entre ellas y la pajeé de nuevo…ante aquel cuerpo que se tensaba ante mis caricias… que gusto comportarme como toda una zorrita contigo… me encantaba serlo.

Pude sentir la dureza de tus pezones restregándose contra mi polla y me volvía loco. Pero cuando metiste mi rabo entre tus preciosas tetas y comenzaste a pajearme con ellas, me volvías loco, más cuando mi capullo sobresalía de ellas, y lo lamías intensamente. No pude sujetarme más, y te dije:

- Joder… cuando me cruzaba contigo no pensaba que podías comportarte así, como una putita caliente y deseable... me encanta”.

Inmediatamente me arrepentí, pues no sabía cómo te lo tomarías, pero tuve suerte, eras una mujer de verdad, y aquello te excitó

Lo cierto es que me quedé sorprendida con tu reacción pero no voy a decir que decepcionada, sino todo lo contrario, pues pensé que aquel mismo chico guapo que me saludaba cada mañana y me sonreía era el educado y simpático chico que no se atrevería a decirme cosas que ni yo misma estaba creyendo oír…

De pronto tu contestación fue:

- Ni yo que tu polla fuera tan bonita y estuviera tan rica. ¿Te gusta que sea tu putita? Mmm aún no has visto lo puta que puedo llegar a ser, cielo.

Aquello ya me hizo perder los papeles… y mientras mi polla seguía entre sus tetas, pajeada como nunca, añadí:

- Pues quiero verlo, quiero comprobar lo puta que eres, quiero ver a mi vecinita portándose como la mayor de las zorras... te quiero oír gemir como una perra, e intentar ponerte tan caliente que pierdas el control, mmmm quiero follarme a mi vecinita como una puta, como una guarra ávida de polla y de leche, porque quiero regarte todo el cuerpo.

Me la había jugado, ahora era el momento de ver si te había jodido, porque o aquel era el polvo de mi vida, o me echabas inmediatamente de tu casa...

Imposible echarte, porque esas palabras me encendían más y más. Eso era ya el remate que necesitaba para sentirme en la gloria. Con toda la pasión, recorrí con mi lengua tu glande acariciándolo suavemente. Luego agarré ese tronco con mi mano y comencé a darle besitos a lo largo de toda su longitud y parecía estar creciendo cada vez que mis labios calientes se posaban en él. Acariciabas mi cabeza como aprobando lo bien que mis labios hacían esas exploraciones.

Entonces te detuviste en mis huevos, y no solo los lamiste divinamente, sino que los metiste en tu boca, para después soltarlos. Cuando nuevamente tu boca ascendió por mi rabo para tragarse casi violentamente mi capullo, creí morir de gusto. Dios, tu lengua lo recorría dentro de tu boca haciéndome gemir sin control.

Solo se te oía gemir y ronronear como un gatito. Me encanta esa sensación de tener a mi hombre totalmente a mi merced. Y cuando eso sucede me esmero en mi mamada aplicándome al máximo. La saqué de mi boca y comencé a jugar con el frenillo diabólicamente con mi lengüita, produciendo que algunas gotas de tu líquido preseminal aparecieran de nuevo y ardientemente las degustara. Después de unos besitos a ese glande me apretabas la cabeza contra tu polla para que me la tragara, sin embargo yo quería permanecer ahí, haciéndotelo desear… que me lo pidieras.

No aguantaba más y así te lo dije....

- Vamos, zorra, cómetela de una vez..”

Pero parecías ignorarme siguiendo con tu juego.

- “Vamos, nena, trágatela, cómetela como tu sabes… vamos putita mía... vamos… métetela ya en la boca que no puedo más… quiero sentirla llenando tu boca… golfilla.. vamos... cómetelo de una vez joderrrrr cómeme la polla de una vez… que no puedo mas - dije intentando atraer tu cabeza insistentemente, intentando que mi polla llenara esa boca golosa...

Me mojaba con tus palabras… Me encantaba verte rogar de esa manera queriendo que me la metiera entera en la boca. Me volvía loca. No podía contenerme más y era una satisfacción añadida verte tan desesperado. Te sonreí y pasé mi lengua por la comisura de mis labios en señal de lo que se te avecinaba.

- Vamos zorrita, hazlo ya… no puedo… - fue tu última súplica.

Me miraste lascivamente.... y sonriendo te acercaste lentamente... con un movimiento rápido mi polla desapareció en tu boca hasta la garganta... Diossssssss, como recuerdo esos segundos mamando como una desesperada… mi polla entraba y salía de tu boca rápidamente… salvajemente... lo que hizo que mi gemido se prolongase y terminar diciendo:

- Aaahhhhhhhhh diosssssssss así putita.. asiiiiiiii cómetela todaaaaaaaa mmmmmmmmm devórame la polla, mi pequeña guarra...

Tus palabras y tu miembro en mi boca, eran demasiado para mi. Seguí aplicándome sobre aquella verga, introduciéndola hasta mi garganta apretando los labios con todas mis fuerzas para que percibieras el mayor roce posible y de paso degustarla yo…. Ufff, que gusto mamar una cosa tan dura, tan larga… por un momento pensé que no me iba a caber, pero era tan agradable tragarla que parecía querer meterla hasta lo más hondo de mí. Luego volvía hasta la punta, para que mis labios apretados se perfilaran con el borde del glande y haciéndote suspirar de una manera brutal.

Seguía diciéndote burradas. Cuando me pongo cachondo puedo decir las mayores barbaridades que se me ocurran... eso me excita aun más… pero siempre procuro observar la reacción de mi pareja al hacerlo, lo último que pretendo en esos momentos es molestarla.

Mi novio nunca me había dicho esas cosas y eso que se lo había pedido un montón de veces, decía que le hacía sentirse mal, sin embargo ahora estaba en la gloria cuando tú me las decías… me hechizaban. Volví a meterla en mi boca y esta vez fui despacio, recreándome en cada movimiento de mi lengua y mis labios bordeando aquel poderoso trozo de carne que se iba colando hasta tocar mi campanilla… los jugos de mi boca y los de aquel precioso miembro se mezclaban y al sacar la boca un hilo pegajoso quedaba entre mi lengua y el glande.

Me estabas volviendo loco de placer... además de mamarla de una forma estupenda… ver cómo las cosas que yo decía te excitaban, me estaban haciendo perder el control. Hay tres cosas que para mí diferencian una buena mamada de una mamada espectacular: Que la chica disfrute haciéndola… y que de vez en cuando deje de mamar y mirándote a los ojos te diga cosas guarras, que haga esa escalada por el tronco con la lengua o los labios y de repente abra la boca y engulla toda la polla golosamente como si en ello le fuera la vida, mamando rápida y salvajemente, y la tercera, que acabe la mamada tragándose la leche. Una mamada puede estar siendo espectacular, pero si en el momento de correrte la interrumpe para sacársela de la boca, la corrida es menos intensa. Aunque también es cierto que si a veces se la saca para pedirte la leche en alguna otra parte de su cuerpo obscenamente, como una verdadera golfa ávida de ella, y te corres sobre ella mientras ninguno de los dos deja de decir cosas… también es genial.

Todo Aquello parecía estar extasiándote y me repetías lo bien que lo hacía… me encanta que me digan que la estoy mamando bien, algo que tampoco me dice mi chico y tú me repetías una y otra vez:

- Que bien lo haces nena.-… ufff que gusto, como la chupas… eres una diosa mamando polla… sigue mamando como una golfa, vamos... golfa… cómeme el rabo hasta el final… - me decías.

Cuando dije eso, me pareció que respondías con un gemido (ahogado en tu boca por mi polla) y mamando aún mas salvajemente. Entonces hiciste un movimiento para acomodarte y por unos segundos tu culo estuvo a mi alcance, cosa que aproveché para darte un suave azote en una nalga.

- Toma, golfa... por ser una niña mala.. ahhhhhhhh” - luego lo hice en la otra nalga, añadiendo - “esto por puta... por comepollas... “

Con esas palabras conseguías que mis mamadas fueran más intensas, que apretara aun más mis labios contra tu tronco y sacarle todo el jugo. De pronto, debido a mi nueva postura, tu mano alcanzó mi rajita y comenzó a jugar alrededor de ella, sobando los labios dulcemente. Dios como me ponía eso, Miguel. La llegada de aquellos habilidosos dedos me hacía gemir pero yo no quería soltar aquella polla que desaparecía una y otra vez de mi boca… quería sentirla bien adentro jugar en su glande con mi lengua.

- Me encantas - dijiste mirando a mis ojos, mientras mi boca seguía en la labor de seguir mamándote..

Entonces ya no aguanté más e hice que te giraras. Mi polla salió de tu boca por un momento, miré tu rajita, preciosa, húmeda, caliente.... y posé mi lengua gustosamente sobre ella, abriéndola un poco para recorrerla en toda su longitud con mi lengua metida apenas un centímetro.... mmm estaba delicioso... cuando estaba a punto de acabar mi recorrido te oí gemir un “cabroooón, que gusto me das” que me volvió loco, después me centré en aquel coño que tanto deseaba comerme. Besé tus ingles, las recorrí con mi lengua arriba y abajo, mientras te movías para indicarme que querías mi lengua entre tus piernas... en tu raja. Pero me hice de rogar un poco más, besando tu pubis, tu monte de Venus poblado por una “selvita” adorable..... y entonces, en un gesto rápido e inesperado, abrí mi boca todo lo que pude y cogí todo tu coño en ella.. labios, clítoris... todo se alojó en mi boca con una fuerte succión que te hizo levantar las caderas de gusto y proferir un gemido de placer brutal... y unas palabras que me animaron a seguir comiendo tu coño con devoción, mientras no parabas de mover más y más tus caderas y mi lengua y mis labios se apoderaban ya plenamente de tu chochito...

Que gusto notar tu aliento sobre mi coño y como tus dedos jugaban en mis labios vaginales, arriba y abajo… rozando mi clítoris y dándome un gusto inmenso… Tuve que sacar un momento tu polla de mi boca… necesitaba una bocanada de aire pues me faltaba la respiración con el gusto que sentía de ser acariciada de esa manera y tener tu boca abarcando todo mi sexo y una lengua que se adentraba más y más.

Y tanto, la introduje hasta que ya no pude meterla más.... y saboreé tus jugos en el mismo centro de tu placer mientras mis manos acariciaban, magreaban tus tetas y pellizcaban tus pezones suavemente... mmm estabas realmente cachonda... y yo también... me volvía loco tu forma de moverte mientras te devoraba la raja.. tus palabras calientes... aquel contoneo de caderas restregándome ese chocho por toda la cara.. empapándomela de tus jugos... tus gemidos... tuve que contenerme para no dejar de comértelo, levantarme y coger tus tobillos , abrir tus piernas todo lo que pudiera y clavarte la polla de una tacada sin parar de decirte guarradas enormes...... lo deseaba, lo deseaba y lo haría, pero más tarde....

Recuerdo que solo hiciste un inciso en tus increíbles lamidas para susurrarme:

- “Te gusta ¿eh putita?”

Yo estallaba de gusto, pero no quise dejar de succionar tu miembro con mi boca poniéndole todas las ganas en mamarla.

Me estabas volviendo loco con esa mamada.. eras una estupenda mamadora de polla... como pocas veces me lo han hecho, así que antes de correrme en tu boca.. decidí que quería follarte… follarte como nunca lo había hecho…

Yo también sabía que no podría aguantar mucho tiempo, sin duda que si ambos nos empleábamos a fondo, como lo hacíamos no podríamos evitar corrernos.

Te giré y comenzamos a besarnos. A devorarnos la boca como si fuera lo último que haríamos en nuestra vida, pegados, sudorosos, iniciamos unos movimientos involuntarios debido a nuestro estado. A nuestra excitación. Yo no podía más… deseaba que mi polla abriese aquella rajita caliente y empapada... lo deseaba ya... y entonces, eras tú, quien se hacía de rogar..

Quería ser la zorrita que te matara de gusto, esa vecina que estaba loca por tus huesos. Te dije que te sentaras en el sofá. Y yo me quedé allí observándote… con mis piernas abiertas.

Que visión tenerte allí… te acercaste, poniendo una pierna a cada lado de las mías, mirando con una cara de vicio inolvidable. Y lentamente te dejaste caer sobre mí, hasta que mi polla rozó tu chocho.

Ahora eran nuestras bocas que inconscientemente volvían a succionarse mutuamente mientras nuestros cuerpos sudados estaban pegados, pecho contra pecho, sexo contra sexo, pudiendo notar como la dureza de tu polla se ubicaba contra mi sexo ardiente.

Movías las caderas de una forma que me matabas, notando toda tu raja a través de todo mi rabo, sin penetrarse.. solo pasabas el capullo entre tus labios calientes... Diosss, me volvías loco de deseo.. y te lo dije:

- Vamos putita, no puedo más, quiero follarte, quiero abrirte ese chochito a pollazos... vamos.. siéntate sobre ella como una buena zorrita… vamos…

Que bestia eras con esas palabras, Miguel pero no sé si por la visión que tenía de ese vecino tímido y educado, ahora lo que deseaba era que no dejaras de llamarme de todo. En otro momento ni aunque lo hubiera jurado. Agarrándome al sofá me quedé fijamente mirando a tus ojos… te sonreía, me gustaba verte desesperado, igual que yo lo estaba, viéndote mirarme así, pero quería ser aun más perversa y hacerte sufrir un poco más, aunque no estaba muy segura de aguantar por mucho tiempo.

Por tu cara de gata en celo, parecías desear una buena polla dentro de tí como nunca… aún así, supiste mantener la calma y sonreírme, mientras me susurrabas....

- Mmmmmm tu zorrita te va a dar gusto, cabrón, la puta de tu vecina se va a meter este cipote hasta los huevos en su coño, porque mi chocho está hambriento de un buen rabo, está deseando unos buenos pollazos, cabrón, ¿me los vas a dar tú?, ¿te vas a joder a tu vecinita como si fuera la mas guarra de las putas? Mmmm ¿me vas a dar polla hasta que reviente de gusto?... ¿me vas a llenar enterita de esa leche caliente?

No podía creer ni yo misma las palabras que salían atropelladamente de mi boca, pues nunca, te aseguro que nunca en mi vida, me había comportado de esa forma, ni con mi novio y mucho menos utilizando ese lenguaje, propio de una verdadera zorra, pero es que en ese momento no importaba nada, todo era una locura y deseaba que fuera así… deseábamos ambos que fuera así. Quise sentir como me penetrabas y yo comportarme como la mayor puta del mundo, esa sensación era enormemente excitante.

Y mientras decías eso (que me volvía loco) cogiste mi polla y empezaste una suave y lentísima paja... me estabas retando.. Yo no tenía control, eras tú la que me dirigías… Solo salieron de mi boca las mayores guarradas que se me ocurrieron... las burradas que nunca le he dicho a nadie… lo que por cierto te encantaba, ya que muy despacio, tu mano dejó de pajearme para dirigir mi capullo hacia la entrada de tu anhelado coño... y entonces te note caer de golpe.. Diosssssssssss, mi polla se abrió paso entre tus piernas deliciosamente… te la habías clavado hasta los huevos de una tacada... fue genial para los dos, porque ambos soltamos un tremendo gemido de placer y las frases más obscenas que yo jamás había dicho a una mujer.. u oído decir a una...

Parecía que nos iba la vida en ello. A partir de ahí, lentamente empecé a cabalgar sobre aquella prodigiosa verga sin descanso. Recuerdo que me decías cosas súper excitantes, como:

- “Eres la mayor puta del barrio” “nena follas como nadie, se nota que estás necesitada de una buena polla”….

Yo contestaba entre jadeos

- Dámela cabrón, mmmm, que gusto, Dios…..” “que polla más buena….” “fóllame, fóllame, fóllame…” - repetía sin cesar - “soy tu putita, haz conmigo lo que quieras” “párteme en dos”…. “me voy a morir”…

No te conformabas con habértela clavado tú misma hasta los huevos, sino que me sentía bien atrapado en tu coño que se aferraba a mi verga de una forma bestial. Te movías increíblemente, cabalgando sobre mi polla como toda una experta... tan pronto te la metías hasta lo más hondo saltando sobre ella como loca, como otras lentamente controlabas tus movimientos mirándome a los ojos lascivamente.

Siempre que podía, intentaba llevar el control y el hecho de ver tu cara gozar mientras mi coño se apretaba contra tu polla, era lo mejor del mundo, pero otras perdía la razón y me movía convulsivamente sobre ti, sintiéndote hasta lo más profundo.

La metías hasta los huevos y así, con toda dentro, empezabas un lento, delicioso y enloquecedor movimiento circular que a veces aunabas con otro de vaivén... con lo que mi polla, se retorcía para todos lados bien metida en tu interior.

Era un polvazo divino…salvaje… Miguel, follábamos medio hechizados, sin dejar de decirnos cosas de lo más fuerte… La sensación de gusto aumentaba a medida que nos decíamos aquellas palabras. Me asomé para ver como aquella dura y caliente polla se abría paso en mi coño y como solo se oía el “chop, chop” de nuestro folleteo… mis tetas no dejaban de botar y de ser devoradas por tu boca lujuriosa…”Dios, que gustooooo”….

Era increíble… era un polvo de ensueño con una mujer de ensueño... Los dos mirábamos nuestros sexos unidos.

- Siiiiii, golfilla.. mira.. mira como la polla de tu vecino te parte en dos el chocho.. ese chochazo que tienes de golfa.. míralo.. ahhhhhhhhhh”

Era delicioso... me tenías fuera de mí, tanto como lo estabas tú... a mis palabras obscenas respondías con otras, aun más brutales, provocándome aun más....

- “Nena… se nota que estas necesitada de un buen rabo “– decía yo

- Pues dámela tú cabrónnn, dame tu polla enteraaahhh que gusto, Diossssssss, que polla más rica” - me respondías entre jadeos.

- Claro que si, zorrita, te voy a follar mucho más, hoy y cuando quieras, tu vecinito te va a dar toda la polla que necesites” – añadía extasiado.

Es difícil detallar las sensaciones, pero si puedo decir que eran más que intensas, tan sentidas que no quería escapar de ellas… Me encantaba sentirte dentro de mi, subida sobre ese miembro duro, me gustaba la sensación de verle entrar y salir de mi coño y como se dilataba cuando se salía casi hasta la punta y volvía a encajarse dentro de nuevo, arrancándome cada gemido como un volcán… Una y otra vez desaparecía tu verga de mi interior, mientras yo con mis manos me sujetaba a tu cuello y me lamías los pezones, los mordías…éramos dos locos, viviendo la mayor de las locuras…

Tus tetas preciosas, se bamboleaban deliciosamente con la follada y me encantaba chuparlas, lamerlas, mordisquearlas… las devoraba como aquel coño devoraba mi rabo…

- Diossssssssssssss, que gustoooooooooo” – gemías.

Estábamos al borde del orgasmo, los dos lo sabíamos, nuestros movimientos acelerados, nuestros jadeos y nuestros ojos hablaban por sí solos…

No aguantaríamos mucho más, estaba claro. Así que cogiéndote del culo, te elevé y te solté dejándote caer sobre mi polla hasta el fondo, casi violentamente... Me repetías lo bien que te sentías y como te partía el coño. Follábamos como dos desequilibrados.... hasta que dije:

- Me voy a correr, mi deliciosa zorra.. mi golfa.. te voy a echar toda mi leche en el chochito.. ahhhhhhhhhhh”

No podía aguantarlo más y quise que te vinieras conmigo, pero por nada del mundo iba a salirme de aquel coño... aunque estuviéramos follando a pelo y me fuera a correr. Me importaba un carajo… quería llenar de leche esa rajita tan estupenda.

Miguel, aun te sorprendiste más cuando te dije que no estaba dispuesta a acabar tan pronto:

- No, todavía no… fóllame como a una perrita por detrás… quiero sentir como me penetras por detrás…

Ambos estábamos a punto del final pero no deseaba que nos corriéramos tan pronto, me gustaba la idea de seguir enganchada a ti y lo hubiera estado durante horas. Me levanté y con mis andares insinuantes me acerqué hasta la mesa del salón apoyando mi cabeza contra el frío cristal dejando mi culo en pompa para que vinieras y me la metieses desde atrás en mi sexo caliente. Nunca antes me había comportado de esa manera y ahora estaba gozando también como nunca.

Me levanté hasta llegar hasta la mesa, la visión de tenerte en aquella posición era superior a mí. Te di un pequeño azote en el culo y, agarrando mi polla, comencé a pasarla por toda tu raja, desde tu culo hasta el clítoris. Impaciente, movías tus caderas buscándome.

- Así que mi putita está sedienta de polla… pues la vas a tener – dije, metiéndola de golpe en tu coño.

Que sensación, Miguel, que gusto verme ensartada por esa polla gruesa y dura… que maravilla. Luego comenzó de nuevo el chop, chop de tu polla entrando en mí y yo repetía sin cesar:

- Fóllame cabrón, sí, sí, que gusto

Diosssssss, el gemido que ambos dimos al sentirla resbalar entera dentro de aquella cueva que ya chorreaba, junto con la sensación de placer fue increíble. Comencé a follarte de nuevo. Estábamos tan calientes que seguimos diciendo mil guarradas mientras sentía, veía y oía mi polla entrar y salir de tu chocho.

- Asíiiiiii cabrónnnn métemela hasta el fondoooooo ahhhhhh rómpeme el coño a pollazos cerdooooo. – repetías.

No podía creérmelo… pero estaba en el séptimo cielo allí tumbada sobre la mesa del salón y siendo follada por el vecino de enfrente de una manera magistral, era increíble como me penetrabas, eres todo un portento dándome gusto, nada comparado a mi novio, que siendo un buen follador, no tiene nada que hacer comparado contigo, además tu manera de hacerlo tan salvaje, tan intensa y diciéndonos todo ese tipo de guarradas. Eso es único, Miguel…

Imaginaba por un momento que mi novio apareciera por la puerta y se encontrara con aquella estampa: Su novia, su adorada novia gimiendo de placer con su cuerpo tumbado sobre la mesa de cristal, cuando sus tetas aplastadas eran amasadas con los movimientos rítmicos de aquella follada. Bien abierta de piernas y ensartada por detrás por el vecino, en su exclusivo coñito.

Los dos estábamos fuera de si, queríamos hacerlo de aquella forma y de ninguna otra. Ver mi polla entrando en tu coño me superaba y sin poder aguantarlo metí un dedo en el culo sin miramientos... ufffff sentir como mi polla taladraba tu chocho y mi dedo penetraba en tu culo mientras gritabas

- Cabronnnnnn ¿que me hacessssssss? –oirte fue tremendo.

- ¿Que qué te hago? Te estoy follando este culito, puta, es lo que te hago, follarte el culo y el coño a la vez. Pero como no tengo dos pollas para darte… toma dedo putita…

Pasado el primer momento de dolor, me acompañaste moviéndote de forma que mi dedo entrase hasta el fondo.

- Siii ahhhhhhhh hijo de putaaa que me rompes toda.. mmm sigue.. sigueeeee que me corrooooo -me gritabas

Que impresión, de verme insertada de esa forma, mientras convulsivamente me follabas y tu dedo se abría paso por detrás… me corrí irremediablemente entre jadeos percibiendo intensamente cada uno de los movimientos, sintiéndote bien adentro. Cada embestida era un jadeo… Sabía que tu dedo en mi agujero de atrás era el preámbulo de lo que sospechaba estabas dispuesto a hacer… follarme por el culo, aquel lugar que siempre le había prohibido a mi chico.

- Ese culo está pidiendo guerra, nena, creo que te lo voy a partir…. – dijiste.

Saqué mi polla de tu coño y me preparé para metértela por ese precioso culo... en ese momento deseaba encular, dar por el culo a mi admirada vecina más que nada en el mundo... y estabas allí, en aquella pose que me llamaba…

Me giré agarrándome de costado a tu cuello diciéndote:

- Ni se te ocurra, cabrón… eso no… ¿vale?

Pero no parecías escucharme y apretando mi pecho contra la mesa buscabas la postura más cómoda para iniciar la maniobra de perforar mi inexplorado esfínter. La idea me aterraba pero cada vez que repetías “Te voy a destrozar ese culo de zorra que tienes” algo que nadie me había dicho jamás me encendía como una verdadera perra y veía que mi oposición iba decayendo por momentos…

Restregué mi polla por tu raja, desde el culo hasta el coño... te repetía de mil formas lo que iba a hacer:

- Este culo pide guerra... se la voy a dar, te lo voy a partir… -dije mientras mi dedo comenzaba a entrar y salir de tu culo, mojado con los fluidos que no cesaban de salir de tu chocho. “Te voy a clavar la polla en el culo hasta que pidas más, guarra... sé que pedirás más polla” - eguía yo con aquel juego.

- Cabrónnnn saca ese dedo de ahíii, me duelee” - decías gritando.

- Lo voy a sacar, pero para romperte este precioso culo en dos a pollazos, so zorra.

Sabía que mis negativas a que me sodomizaras eran en vano, pero es que además yo era la que más deseaba que lo hicieras… que me penetrases por ese orificio aun virgen. A pesar de repetirte varias veces que te detuvieras, tu polla en mi coño seguía matándome de gusto y gran parte de mí deseaba que cambiara de lugar por encima de todo, a pesar de que yo lo negase en voz alta.

La saqué de tu empapada cueva y comencé el forcejeo por metértela en se culito... apoyé mi capullo en la entrada y poco a poco fui empujando... Dejaste de protestar, no negabas en absoluto… solo te preocupabas por moverte para que doliera menos... Te acariciabas el clítoris mientras yo veía mi capullo desaparecer lentamente en el interior de tu culo… despacio... muy despacio.

- Aaaaahhhhh hijo de putaaaa me vas a romper.. cabrónnnn - gritabas.

Esa sensación es difícil de describir, por un lado el dolor de sentirla por primera vez ahí y por otra miles de placeres que me abordaban de sentir como me sodomizabas. Tu polla se fue abriendo paso en mi culo primero la cabeza y tras llamarme “zorra, puta, como gozas con mi estaca en tu culo” y cosas parecidas me insertaste aquella tranca hasta los huevos, lo que me produjo un dolor intenso al principio y que se convirtió en puro placer a continuación.

Entonces empecé un mete-saca suave y cada vez que entraba empujaba… haciendo que mi polla entrase un poco más cada vez... Gemías y gritabas entre placer y dolor y poco a poco me ayudaste a entrar sin dejar de acariciarte con la otra mano... poco después de forma increíble pude ver como tu culo se había tragado mi rabo del todo, y te hice sentir mis huevos contra tus nalgas..

Era un placer extraño pero muy intenso, nunca había imaginado que se pudiera sentir ese placer. Mis tetas aplastadas contra la mesa dejaban la marca en el cristal de cada una de las embestidas brutales que me propinabas. Me sentía tu puta y quería demostrártelo gritando.

- Si, cabronazo, me vas a partir en dos… hijo puta, me matas de gusto. Párteme el culo…

Seguías maravillosamente mi ritmo, en una enculada estupenda.

- Vamos.. muévete así.. ahhh que bien te mueves putita... toma polla… -decía yo, totalmente fuera de mí.

- Sí, si, sí… - repetías incesantemente.

- Toma, putónnn... ya la tienes toda dentro... tu vecinito te ha abierto el culo de una vez – te decía follándote con todas mis ganas - Lo ves, zorra? Sabía que te gustaría que te diera por el culo.

Yo estaba más que encendida, me gustaba estar así, en aquella pose, sintiéndome esta vez bajo tu poder y empalada de forma bestial con esa polla que entraba y salía de mi culo.

- Aahmmmm siiiii dame cabrón.. dame polla... dámela toda por el culooo, rómpemelo en dos ... mmmmm ahhhh”. – decía

Con eso me mataste y el roce de tus músculos contra mi polla me superaron. No aguantaba más... te lo dije:

- Me corro.. no puedo massssssss”

- Siiiii yo también.. dámela en el culo, lléname el culo de leche.. dámela en mi culito cabrónnn ahhh” – repetías ardientemente.

En ese momento noté como entraban chorros de semen sin parar dentro de mi agujerito posterior mientras jadeabas y apoyabas todo tu cuerpo contra el mío, como queriéndome atravesar con tu polla.

Entonces noté como tú también tenías tu segundo orgasmo al notar correrme en tu culito y ayudada de tus dedos sobre tu clítoris gritábamos de gusto sobre la mesa de tu salón.

Era un gusto increíble, Miguel… Aun tuviste tiempo de darme cuatro o cinco embestidas brutales mientras te corrías:

- Uffff, que corrida, zorrita, que gustoooooo”… gritabas entre gemidos…

Nos quedamos un rato en silencio tan solo con nuestros cuerpos sudados pegados y nuestras respiraciones agitadas. La escena debía ser increíble. Imagina por un momento a mi novio entrando en ese momento y vernos desnudos, empalados… unidos.

Fue genial Miguel.

Nunca podremos olvidar ese momento, nena…

Lydia y Freelance

4 comentarios:

almadeangel dijo...

nuna lo hubieras decrito mejor..polvo...y salvaje..
muakuusss

Anónimo dijo...

fascinante

golfo dijo...

brutal, buenísimo. Toda una maestra

Anónimo dijo...

de los mejores relatos que he leido!!!!!

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