miércoles, 18 de abril de 2007

De un tiempo a esta parte me rondaba la idea de hacer un regalo especial a mi novio: Algo morboso… excitante a la vez y de paso que me resultara satisfactorio a mi misma. En principio pensé en algún juguetito que le diera mayor estímulo a nuestra vida sexual y de paso que fuera novedoso. Lo que no imaginaba es que el azar iba a organizarlo todo casi sin darme cuenta.

La cosa empezó una tarde charlando con mi gran amiga Nuria, sentadas en la terraza de un bar, con varias cervecitas frescas encima y con el intercambio de cotilleos y charlas sobre nuestras respectivas canitas al aire. Pero su historia me dejó alucinada.

- Lydia, las dos coincidimos que cuando nos apetece, nos damos un revolcón, si el momento y el tipo en cuestión lo merecen, con el morbo añadido que tiene eso de engañar a tu pareja ¿no es cierto?

- La verdad es que sí, lo de poner los cuernos como que pone bastante…

- Pues ellos también tienen derecho, mujer. Yo creo que los celos es un mal invento, no sé a quién se le habrá ocurrido. Debemos pensar en positivo con todo esto y ser más tolerantes.
- Bueno Nuria, no es lo mismo ponerlos a que te los pongan. Desde luego, donde esté un polvo robado que se quite todo lo demás, pero siempre que sea yo la protagonista, no cuando soy la víctima…. Ya me entiendes… los cuernos no me quedan muy bien…

- Vaya morro que tienes, o sea que tu sí y él no.

- Es que no da el mismo gustito, hija ¿Qué quieres que te diga?

- Eso creía yo. – añadió ella.

- ¿Cómo que creías?

- Pues que el morbo de engañar y todo eso… está bien, pero sentirse engañada lo puede ser aun más.

- No te entiendo, Nuria.

- Pues el hecho de saber que tu chico te engaña a ti.

- Bueno, eso lo sé de sobra o mejor dicho lo intuyo… pero no le veo la gracia o el morbo por ningún lado.

- No, no me refiero exactamente a eso de intuirlo, saberlo o sospecharlo. Está claro que a todas se nos pasa por la cabeza, pero ¿no te has puesto a pensar lo que sería verlo con tus propios ojos? – me preguntaba mi amiga mirándome fijamente.

- Si, sí que me lo imagino. Me veo saltando sobre él, arrancándole los ojos… y a la guarra que esté debajo, también…

- Jajajaja…. Es verdad, esa puede ser la primera reacción…

- ¡Nuria! La primera y la única, supongo…

- Pues no querida, también pensaba así, pero descubrí que lejos de incomodarme, la cosa me proporcionaba un placer que nunca antes había sentido.

- ¿Quieres decir que…? ¿Tú…?

- Sí, sí, no me mires así. Puede parecerte una locura...

- ¿Entonces? – le pregunté incrédula.

- Verás: Hace un tiempo tuve la oportunidad de demostrarme a mí misma que mi novio era un sinvergüenza, lo sabía a todas luces, pero mis sospechas, no eran más que eso: sospechas. Pensaba lo mismo que tú, hasta que le pillé con mi prima Carla, ¿La recuerdas?

- ¿Carla?, ¿Tu primita, la pelirroja? ¿Pero no es una cría?

- Bueno, tiene ya 17 años.

- Menuda zorrita…

- Pues esa. Me la encontré follando en el coche con Víctor y no lo pasaban del todo mal.

- Me dejas de piedra, Nuria ¿Quieres decir que ella…? ¿Con tu Víctor…?

- Sí, en ese primer momento quería morirme y que la tierra me tragara, pero instantes después comencé a sentir algo extraño, una especie de gusto interior que no podía controlar, no te lo puedo explicar… pero créeme que me excité como nunca, de una manera sorprendente.

Nuria hizo un silencio y bebió un trago de su copa. Yo estaba alucinando pero intrigadísima y con unas ganas tremendas de saber el final de la historia.

- ¿Y que pasó? – le pregunté impaciente. - ¿Qué hiciste?

- Nada, no hice nada.

- ¿Pero…?

- Bueno, pues esperé escondida a que fueran desarrollándose los acontecimientos, observándoles a cierta distancia sin problemas y al final me acerqué lo más que pude y después ¿qué iba a hacer? Pues masturbarme viendo aquella escena. Ese ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida.

- ¡Pero Nuria!

- Te pareceré una loca ¿verdad? Pues la cosa no quedó ahí, he seguido espiándoles durante mucho tiempo, observándoles y calentándome cada vez que lo he hecho.

Mi amiga me contó, a partir de ese momento lo acontecido ante mi atónita mirada, buscando a la pareja traidora y excitándose viéndoles en acción. Según me decía, fueron pasando los días y no conformándose con eso, fue más allá, llegando a comentárselo a su prima Carla e implicándola en su juego de mirona, para permitirle observar cómodamente como su propia pareja, su novio de toda la vida, se follaba a su primita a poca distancia, vamos, delante de sus narices. No podía comprender como se podía llegar a algo así y menos entender esa sensación de placer de ver a tu chico en brazos de otra, de alguien tan cercano, disfrutando al máximo… hasta llegar a una excitación fuera de lo normal.

No dejé de darle vueltas a ese pensamiento durante el resto del día. En el fondo ni yo misma quería reconocer lo cachonda que me puso toda esa historia, más pensando en si me pudiera ocurrir a mí.

Esa noche, durante la cena con mi novio, la idea no cesaba de dar vueltas en mi cabeza imaginando a Pablo con otra…

- ¿Por qué me miras así? – me preguntó él repentinamente ante mi mirada ida.

- No, por nada… - disimulé queriendo ocultar mis pensamientos más trasnochados.

Charlamos, como siempre de diversas cosas, de cómo nos había ido el día a cada uno y yo misma intentaba abandonar de mi cabeza la locura de mi amiga y alejar esas ideas que me parecían absurdas.

- ¿Y tú que has hecho hoy? – me preguntó

- ¿Yo? – por un momento creo que me sonrojé sin saber por qué.

- Si, ¿qué has hecho de particular?

- Estuve de compras… con Nuria. – Hice una pausa al nombrarla y volví a sentir cierto calor en mis mejillas pero esa vez no era de vergüenza precisamente, era un calor que salía de mi interior, viendo además que Pablo se quedaba callado.

De sobra sabía que mi novio miraba a Nuria con ojos golositos, cada vez que habíamos ido juntas las dos parejas o cuando en alguna ocasión había tenido la oportunidad de verla en casa, de compras, en la playa… y lo cierto es que no era para menos: Mi amiga es muy guapa, de las espectaculares: morena con unos ojos claros color avellana, una boca sensual y un cuerpo precioso, además de tener unas tetas que no pasan desapercibidas precisamente… y con el añadido de su simpatía desbordante.

- Te acuerdas de Nuria ¿Verdad Pablo? – le añadí con cierta inocencia fingida.

- Sí, claro.

- ¿Y que te parece?

- ¿Qué me parece de qué…?

- Pues eso, ¿Cómo la ves?

- Pues muy maja, ya lo sabes, me cae muy bien, es una tía muy simpática.

- Y está muy buena ¿no?

- Joder Lydia…

- ¿Qué pasa? ¿Está buena o no está buena? – Al preguntar eso sentí que mis pezones se endurecían por momentos con las ideas que iban llegando a mi mente calenturienta.

- Pues sí, está muy bien.

- Bueno Pablo, pero eso es algo muy genérico…

- ¿Qué quieres que te diga?

- ¿Pues que si tiene un polvo…?

- ¿Pero qué preguntas me haces, cariño?

- Se que es una chica dulce, sensual, con un tipazo, vamos, el sueño de cualquier hombre… ¿Te acuerdas cuando fuimos hace poco con ella a la piscina? ¿Con aquel bikini blanco tan pequeñito?

- Que tonta eres Lydia… Ya te tengo a ti.

- Entonces, ¿Yo estoy más buena que ella?

- Joder, ¿Qué es esto? Pues no sé, para mí sí, eres mi novia… sois distintas.

- A ver Pablo, no mezcles las cosas, que yo sea tu novia no tiene nada que ver, no te estoy preguntando si me quieres más a mi. ¿En qué somos distintas? – A medida que le iba preguntando cosas más directas, el grado de mi excitación aumentaba e imaginaba que el de él también.

- Pues ella es más alta que tú… tú eres rubia, ella morena…

- ¿Y que más?

- ¿Qué más de qué?

- De tetas…

- ¿Qué quieres decir?

- Pues que tiene unas tetas impresionantes y yo… más bien normalitas, ¿no me vengas ahora que no te has fijado?

- Pues sí, son más grandes que las tuyas… Pero… ¿Qué es todo esto?

- Bueno, no te enfades hombre, solo estoy preguntándote.

- Ya pero es que te pasas…. hay cosas…

Pablo se levantó queriendo cerrar definitivamente la conversación, mostrando cara de enfado, ya que se encontraba muy incómodo con todo aquello. Sin embargo la charla con mi amiga había provocado en mí algo más que curiosidad y estaba viviendo de primera mano las mismas sensaciones que ella me había contado en aquella conversación. Llegué incluso a quererlo borrar de mi cabeza, pero no iba a ser fácil, pues la idea me atraía cada vez más.

Una semana más tarde quedé con mi cómplice en el mismo lugar donde me había confesado sus más íntimas fechorías con su novio y su prima.

- Nuria, ¿te acuerdas de lo que me contaste el otro día?

- Si guapa, perdona, habrás pensado que estaba como una cabra… no sé como te dije aquello, supongo que las cervezas…

- No, no, si ahora que me lo has contado me siento intrigadísima.

- ¿Ah sí?

- Por supuesto, la idea no me parece tan descabellada después de todo.

- Vaya Lydia, ahora la sorprendida soy yo.

- ¿Tú que opinas de Pablo? – le pregunté de repente.

- ¿Qué opino?, ¿Qué podrías pillarle? Pues claro, si tú misma me has dicho lo fácil que es que te los esté poniendo… así que si quieres probar la sensación de ser voyeur…

- No, no me refiero a eso, Nuria. De sobra sé lo canalla que puede llegar a ser.

- ¿Entonces? – exclamó intrigada.

- Pues que me gustaría planificarlo todo y ser testigo de primera fila y de cada detalle, como hiciste tú al final con tu prima Carla, no sé… con alguien de confianza.

Cuando le solté aquella frase me di cuenta que me estaba entendiendo mejor de lo tonta que ella se estaba queriendo hacer.

- Vaya, pareces más perversa que yo. Planificación desde el principio, para que luego digas que la loca era yo…jajaja…

- Ya sabes como soy...

- ¿Y…? ¿En quién has pensado para semejante labor, si se puede saber? – añadió ella.

- Pues… en ti.

- ¡Lydia!

- ¿Qué pasa?

- De ninguna manera. Olvídate ¿vale?

- Pero Nuria… ¿Por qué?

- Pues porque no… soy tu amiga, soy amiga de tu novio y… no, no, imposible.

- Entonces es por Pablo… ¿no te gusta?

- ¿Qué dices? Está buenísimo… bueno, quiero decir que no, que me gusta, osea, no me líes… que no.

- Jajaja…. Pues él opina lo mismo de ti.

Guardó silencio y se me quedó mirando fijamente. Tanto ella como yo sabíamos que mi perversión estaba llegando a cotas inalcanzadas hasta ese momento pero al mismo tiempo aquello me proporcionaba un regustillo interior difícil de definir y supongo que a ella también.

- ¿En serio? ¿Qué te ha dicho de mí? – preguntó intrigada.

- Pues que eres muy guapa, que estás muy buena, que también le gustas, que tienes unas tetas enormes y preciosas.

- ¡Venga ya!

- Te lo juro.

Nuria llegó a ruborizarse, no sé si muy bien por todos esos cumplidos por parte de mi chico o por ser yo su mejor amiga quien se lo estaba contando y sentirse mal por eso.

- Lydia, pero yo no puedo… comprende mi situación, yo no podría hacerte eso.

- Pero, si te lo estoy pidiendo yo…

- Ya pero…

- Bueno mira, hacemos una cosa: Probamos hasta donde puede llegar él o hasta donde puedes llegar tú, solo quiero que me hagas el favor de saber que se siente al observarlo y quiero que sea con una persona que quiero…

Aun no sé como Nuria llegó a aceptar tan rápidamente, pero me vio tan lanzada, decidida, ilusionada, que un “no” era lo último en querer obsequiarme.

Unos días más tarde, tal y como planeé con ella, la invité a cenar en casa y le pedí que se pusiera el atuendo más sexy posible. Quería percibir de primera mano o a primera vista, las sensaciones de ver a Pablo devorándola con la mirada en un principio y seguir un guión de lo más perverso y premeditado después que con solo con imaginar, me hacía calentar más y más. Además durante esos días había estado alentando a mi novio con las virtudes de Nuria y sacándole incluso los colores cuando le enfaticé sus hermosas dotes naturales.

Tras preparar la cena, a las diez en punto, como había pactado con mi amiga, me metí en la ducha para que fuera Pablo quien abriese la puerta a la llegada de nuestra invitada especial. Yo preparé el plan de manera tal que dejé el agua de la ducha corriendo haciendo creer que estaba yo allí, pero mi posición era como la de un pequeño depredador escondido tras el quicio de la puerta observando a sus “presas” en los movimientos y acciones de ambos.

La vestimenta de Nuria cuando Pablo abrió la puerta le dejó sin duda totalmente impresionado, y a mi también, pues solo por eso ya me sentí nerviosamente cachonda sin haber ocurrido nada todavía. Lucía una camiseta ajustada que resaltaba un escote voluminoso debido a su prominente pecho y unos pantalones vaqueros negros ceñidos de talle bajo de los que sobresalía un tanga blanco con encaje de florecitas. Estaba más que sensual. Un bomboncito envuelto en el mejor papel.

- Hola Pablo – saludó con entusiasmo mi amiga para asegurarse que yo la oía.

- Hola – contestó él casi inaudiblemente y con evidente nerviosismo.

- ¡Que guapísimo estás! – soltó agarrando una mano de mi chico y revisándole de arriba abajo.

Lo cierto es que no me había percatado hasta ese momento lo guapo que se había puesto Pablo luciendo sus mejores galas ante la llegada de nuestra invitada: esa camiseta ajustada que tanto me gusta y unos tejanos que también le sientan de maravilla.

- Tu si que estás guapa – contestó él casi inevitablemente ante la deslumbrante belleza de mi amiga.

- Gracias. Bueno… ¿Es que no me vas a dar un par de besos?

La respuesta a la petición de mi amiga no se hizo esperar aunque con cierto apuro por parte de él, sobretodo cuando ella pegó literalmente sus tetas sobre su pecho y sus labios muy cerca de la comisura de los suyos.

- Mmmm, que bien hueles – dijo ella con toda la insinuación del mundo pegando su cara al cuello de mi hombre.

Todo estaba saliendo según el plan previsto, viendo por un lado a mi amiga desempeñando magníficamente su papel y por otro a mi chico envuelto en una trampa de la que le iba a ser difícil escapar.

- ¿Quieres tomar algo? – le preguntó Pablo intentando desembarazarse de tan complicada situación.

- Sí, algo fuerte… - contestó ella en su afán de mostrar sus dotes de perrita caliente y lo cierto es que lo hacía de maravilla.

Seguí observando durante un buen rato todos los movimientos de ambos. Por un lado veía los ataques de ella y la cierta resistencia que quería demostrar él, aunque en el fondo sabía cuanto le atraía mi amiga y viceversa. Esa situación y el morbo de estar espiándoles era superior a mí. Al fin aparecí en escena con mi pelo mojado disimulando como si de verdad acabara de tomar una ducha, cuando lo que realmente había hecho era seguir animándome con aquel espionaje en una situación nueva para mi… y muy morbosa, por cierto.

- ¡Que guapa estás! – Le dije a Nuria haciéndome de nuevas al verla con aquella vestimenta tan atrevida y que ciertamente le quedaba de maravilla.

- Gracias, bueno quise ponerme “atrastiva”

Nos reímos ambas ante esa palabra que utilizamos de vez en cuando a modo broma y que esa vez tenía un doble sentido. Sin embargo, lo que yo deseaba era volver a espiarlos escondida, pues jugar a ese juego estando yo presente no tenía los mismos alicientes. Durante la cena, Nuria se mostró ante Pablo excesivamente cariñosa, provocativa y sensual, procurando disimular en mi presencia para no levantar sospechas, pero mostrando todo su armamento sofisticado en un papel que representaba de maravilla. En un momento que acudí a la cocina me quedé en el pasillo escuchando, esa vez sin ver, pero sí oyéndoles.

- Oye Pablo, te noto algo cortado… - comentaba ella.

- ¿Yo? ¿Por qué?

- No sé, casi no me miras el escote… ¿no te gusta mi canalillo?

- Esto… yo…

- Vamos hombre, no seas tímido, se que te gustan mis tetas ¿no?

- Nuria, por favor… -contestaba apuradísimo Pablo y yo viendo qque la cosa no tenía mucha salida intenté aportar algo para ayudar a la “causa”.

- ¿Qué si le gustan?... ¡le encantan! – intervine entrando en escena nuevamente en el comedor.

- ¡Lydia! – contestó nerviosamente Pablo.

- ¿Ah si? – añadió Nuria intentando buscar los ojos azorados de mi chico.

- No hagas caso a esta, te está vacilando. – añadió él.

- ¿Vacilando? De eso nada, el otro día te pregunté si te gustaban las tetas de Nuria y me dijiste que sí.

Me volví a la cocina con los platos sucios dejando el asunto cortado en ese punto y esperando algún tipo de reacción, imaginando que después de mi “ayudita” la cosa pintase mejor para cumplir nuestro objetivo: Que no le costase tanto avanzar con Nuria hasta tirársela, algo que cada vez me ponía más, me encendía de una manera demencial. Volví a quedarme sigilosamente en el pasillo esperando las reacciones de ambos, pero Pablo no respondía a las continuas insinuaciones que le hacían tan claramente.

- Bueno, no te sientas mal porque te gusten mis tetas, es normal, son las que más gustan a los chicos, ya sabes, talla XL…jajaja… y tú también me gustas mucho a mí, no tiene nada de particular. Ya me he dado cuenta que te fijas y… entre tú y yo, ahora que no esta Lydia, me pongo muy cachonda con eso.

No veía la cara de mi novio, pero debía ser todo un poema y a mí aquello me calentaba un montón. Era realmente cierta la teoría de mi amiga, ya que la sensación era indescriptible.

- No veas la suerte que tiene Lydia de tenerte… tienes un revolcón. – añadió ella.

- Nuria por favor… - dijo él tímidamente.

- ¿Qué pasa? ¿No puedo decirlo?, hay confianza… las cosas como son, ¿acaso no te gusto yo también? ¿no tendrías una aventura conmigo?

Otro silencio y yo esperando las expectativas… No quise aguardar más tiempo y continuando por el pasillo me dirigí en busca del postre para que no se mosqueara mi chico, pero en ese momento en el que entraba en la cocina, llegó Nuria tras de mí.

- Joder Lydia, vaya palo…

- ¿Qué pasa?

- Pues creo que no va a funcionar.

- Pero ¿eres tonta? Si lo estás haciendo de maravilla.

- Ya pero no sé, no le veo muy puesto… creo que no le gusto como decías.

- Pero Nuria, ¿qué dices? Te aseguro que está coladito por ti. Está cortado, solo es eso.

- Pero yo además… no puedo… me da no se qué... somos amigas…

- Escucha, yo te he metido en esto y ahora más que nunca deseo que llegues hasta el final, estoy cachondísima perdida, más caliente que un horno. No voy a guardarte rencor ni nada parecido, todo lo contrario, lo que más deseo es verte follar con Pablo, que le devores… que te devore… Lo deseo con toda mi alma y sobretodo que sea contigo, con mi mejor amiga.

Después de convencer a Nuria con aquellas palabras ciertas y contundentes volvimos ambas junto a mi chico y le seguimos animando un poco con directas e indirectas, pero seguía firme, posiblemente aturdido por la situación de verse acorralado y haciéndonos en una ocasión la temida pregunta:

- ¿Qué os pasa a vosotras dos?

Debía estar muy mosqueado y lógicamente cortado con Nuria, sobretodo estando yo presente. Me ausenté en otro momento del comedor con la excusa de fregar los platos permaneciendo escondida tras la puerta del pasillo, observando por la pequeña rendija que me permitía una panorámica más o menos clara de lo que ocurría en la habitación con ellos dos solos. Nuria puso una música melosa e invitó a Pablo a acompañarla… Seguía cortado, pero ella le incitaba agarrando sus brazos y colocándolos sobre su cintura, sobre sus caderas, invitándole a participar en ese baile sensual. Esas escenas y el hecho de estar oculta me ponía super fogosa. Al son de aquella balada los cuerpos se pegaban cada vez más y a pesar de no oír a mi novio que hablaba bajito por miedo a que yo pudiera escucharle, intuía las respuestas de ella que inteligentemente traducía y repetía en voz alta para que yo pudiera entenderlas claramente desde mi escondite.

- No seas tonto Pablo, pégate a mí, no te voy a morder… Ahora mismo con el vino que he tomado estoy algo borrachilla y puedes hacer conmigo lo que quieras. ¿No te gustan mis tetas blanditas sobre tu pecho?

De nuevo él decía algo pero tan bajo que no podía escuchar y ella volvía a repetirlo.

- ¿Lydia? No te preocupes por ella, no se entera…este es nuestro secreto…

Mi amiga hacía lo indecible, ya pasaba de las insinuaciones a los hechos acariciando la espalda de mi novio y el culo después, sin dejar de repetirle cosas como:

- ¿Sabes? Me estoy poniendo cachonda con esta música y bailando contigo.

De nuevo la respuesta inaudible de mi novio.

- ¿Parar? ¿Qué dices? Estoy mojadita con este baile, no lo vamos a cortar ahora – repetía ella.

Tuve que volver después de mi supuesta ausencia en la cocina y los dos se separaron casi al instante al verme llegar: Él, muy avergonzado por la situación y ella haciendo el papel de zorrita despistada. En un momento que Pablo se fue al baño, Nuria volvió a decirme las dificultades por las que estaba pasando para convencer a mi chico de avanzar en algo en esa supuesta “traición concertada”.

- No consigo nada con Pablo… no creo que caiga en la trampa.

- Pero si eres un bombón, ¿cómo va a desaprovechar esta oportunidad? Este entra hasta adentro… nunca mejor dicho…jajaja… además le tienes calentísimo…

- No, sí ya sé que le gusto, lo noto, pero está muy cortado…

- Quizás no sea buena idea hacer esto aquí.

- Claro, quizás no avancemos por eso.

- Se me ocurre una idea. – dije de pronto.

- Dime, yo ya estoy más caliente que otra cosa.

- Pues creo que lo mejor es buscar otro terreno más propicio, llevarle a tu casa, por ejemplo, con la excusa de algo… no sé.

En ese momento Pablo regresó al comedor y Nuria había entendido perfectamente mi idea. Disimuló lo justo y tras unos minutos con gran habilidad le expuso que tenía un problema con el aire acondicionado de su casa y que pasaba un calor terrible.

- ¿No llamaste al técnico? – preguntó Pablo no sé si con inocencia, con disimulo o como queriéndose quitar el problema de encima.

- Pero Pablo – comenté yo – pero si tu eres un artista y un experto de todos esos chismes, seguro que es una tontería y se lo arreglas, no va a llamar a un técnico, que cobran por respirar, teniéndote a ti…

- No soy un experto precisamente, soy electrónico, nada más…

- Bueno, no se hable más, se lo miras y ya está, ¿a que sí cariño? – sentencié ante la sonrisa de ella y la aceptación más o menos comprometida de él.

Por un momento se me pasó por la cabeza que Pablo no quisiera engañarme con Nuria y que todo nuestro esfuerzo fuera en vano, pero aun así, me sentía satisfecha y altamente acalorada por esa situación y todo lo vivido hasta ese momento, pensando que tal vez eso podría ser todavía más excitante de lo imaginable.

- ¿Podrías venir mañana?... Es sábado…

- Sí, no tenemos que hacer nada… - intervine rápidamente para evitar cualquier disculpa por parte de Pablo.

- Pero… ¿no íbamos de compras? – dijo él con el miedo de poder ser devorado por aquella mujer y al tiempo íntima amiga mía con el riesgo que eso conlleva.

- Si, mejor voy yo sola de compras y así le arreglas eso tranquilamente. – añadí terminando la conversación y cerrando cualquier resquicio por donde él intentara escapar.

Después de la cena nos despedimos de Nuria y ciertamente ella lo hizo con cierta sensualidad con mi chico y quedamos en que él fuera a hacerle “el arreglito”.

A la mañana siguiente salí de casa más temprano que Pablo con la idea de ir de compras a primera hora, sin que supiera que realmente a donde me dirigía era a la casa de mi amiga para esconderme y ser espectadora privilegiada de todos los acontecimientos.

- Estoy nerviosa y cachondísima con todo esto. – le dije a Nuria.

- Pues yo también. ¿Estas segura de que siga adelante?

- Por supuesto. Completamente convencida y mojadita antes de empezar.

Al cabo de un rato sonó el timbre. Rápidamente me escondí en el armario de su dormitorio para observar desde allí a través de un pequeño respiradero todo lo que sucedía en aquella habitación. A los pocos minutos apareció Pablo en escena con un pequeño maletín con sus herramientas. Nuria se había puesto de lo más sexy y no pasó desapercibida para él, desde luego. Un short superajustado que mostraba los cachetes del inicio de su redondo culito y una camiseta suelta pero muy corta, tanto que si se agachaba o se estiraba se le verían claramente las tetas. Ella se puso de puntillas, pegó su pecho al de mi novio y le besó muy tiernamente en la mejilla.

- Que bien Pablo, eres un cielo, cuanto te quiero... – dijo ella acariciando su espalda sin dejar de juntarse al cuerpo de él y ronroneando como una gatita caliente.

La muy perversa se pegó aun más y siguió subiendo su mano por el cuello acariciando su nuca y apretujando incesantemente sus enormes globos contra el tórax de mi chico, algo que causó el primer efecto deseado.

- Vaya Pablo… creo que hay alguien que se ha alegrado de verme – dijo Nuria separándose de mi novio refiriéndose a la erección que había provocado aquello.

- Perdona… Nuria… yo… - comentaba apuradísimo y girándose hacia un lado.

- ¿Perdonar? Es un honor hijo mío y vaya pedazo de honor… - añadió apretando con su mano la polla de Pablo que al tiempo intentaba zafarse de ella.

- Nuria, por favor…

Mi chico le pidió de manera algo tajante que le dijera el motivo de la avería y ella se lo indicó, no sin antes guiñarme un ojo en señal de complicidad. Aquella situación era altamente morbosa, tanto que cada paso y cada sensación producían un gusto interior que no había sentido hasta entonces. Me despojé de la camiseta, no se muy bien si por el calor de estar metida dentro del guardarropa o por la temperatura de mi propio cuerpo y lo que acontecía. Mientras, Pablo se puso a desmontar el aparato de aire acondicionado intentando olvidar lo sucedido y queriendo borrar de su cabeza cualquier roce comprometido con mi amiga. Yo por un lado estaba furiosa, casi me daban ganas de salir y decirle si era un poco idiota ante semejante oportunidad, pero Nuria sabía como llevarle y lo hacía francamente bien.

- Bueno mientras tu vas mirando eso, yo aprovecho y me doy una duchita, con este calor estoy empapada… tengo todo el cuerpo sudado.

Mi chico asintió sin decir nada. Le imaginaba tan caliente o más que yo misma y de manera casi inconsciente empecé a tocarme por debajo de la falda acariciando mi chochito.

Nuria no tardó mucho en la ducha y salió envuelta en una toalla minúscula que mostraba sus muslos en toda su intensidad y tapaba su voluminoso pecho a duras penas.

- Ay que a gusto me he quedado – dijo – si no te importa me cambio aquí mismo, hay confianza.

- Esto… sí… yo… vale, no te preocupes que no me vuelvo. – contestó de él dándole la espalda educadamente.

Era increíble, no podía entender que todos los esfuerzos de mi preciosa amiga no tuvieran el menor efecto sobre él, al menos no el deseado, pues me imaginaba que mi novio caería mucho más rápido en aquellas redes, sin embargo el hecho de tratarse de mi mejor amiga, le impedía poder actuar a sus anchas. Cualquiera en su caso no hubiera perdido el tiempo ante una propuesta tan evidente y reveladora. Pero muy caballeroso se quedó arreglando el aparato en cuestión sin volver la vista en ningún momento ante el cuerpo desnudo de ella, que tardó intencionadamente en ponerse algo. Yo miraba desde mi parapeto sus armoniosas curvas y como se acercaba hacia mí abriendo de repente el armario. Me quedé de piedra, pero mi amiga estaba tan segura que Pablo no se volvería a mirar que lo hizo con toda naturalidad. Sacó de uno de los cajones una diminuta braguita tipo tanga de color negro que se puso lentamente y sin cerrar la puerta, algo que me encendía incluso más. Luego se colocó la parte de arriba, que era un sujetador minúsculo que realzaba su pecho ostensiblemente y después la cerró por fin para que yo siguiera observando por aquel pequeño respiradero enrejado.

- Pablo, puedes volverte ya… por cierto ¿Me haces un favor?

Cuando este se dio la vuelta abrió los ojos como platos y desde luego no era para menos. Nuria llevaba aquella diminuta vestimenta que tapaba lo justo: Con una minúscula braguita apenas cubría su chochito y una tirilla que se ubicaba entre sus respingones cachetes del culo. Ante sus enormes tetas tan solo cubría poco más que los pezones sobresaliendo todas sus curvas de aquella pequeña prenda.

- Esto… sí… que… - articulaba difícilmente mi novio.

- ¿Puedes decirme como me queda este tanga? – añadió ella girando sobre sí misma

- ¿Yo?... pues… divinamente, claro…

- ¿En serio? ¿Me queda bien?

- Si, de maravilla.

- No sé, me lo he comprado ayer, quería darle una sorpresa a mi novio ¿sabes?, hace más de diez días que no le veo y tengo unas ganas de que vuelva y mostrarle este conjunto… Es sexy ¿verdad?

- Esto… Sí.

- No te cortes hombre… estamos solitos y somos amigos, hay confianza, me gustaría saber tu opinión sincera. Quiero sorprenderle y que se quede con la boca abierta.

- Pues creo que lo va a hacer.

- Sí, sí, veo que a ti también te gusta. – Dijo señalando al bulto que denotaba otra erección más que notable.

- Uyyy, lo siento…

- ¿Qué dices? Es genial, si puedo provocarle eso… me encantará… Si tú te pones así, imagínate él con diez días sin follar. – decía ella con toda intención, sin que mi novio pudiese disimular la montañita que crecía cada vez más. - Bueno, he dicho eso y no sé cuanto llevas sin follar. Pero con ese cuerpazo que tienes seguramente Lydia te dará buenos repasos ¿no?

Mi amiga era una artista calentando a mi novio que solo se limitaba a sonreír sin articular palabra.

- Espero no parecerte muy descarada, Pablo. Quizás te incomodó ese comentario.

- No, no… no pasa nada.

- Bueno, es que me gusta decir las cosas claras ya sabes, nos conocemos bien, no me gusta callarme nada y aunque seas un chico, pues eres mi amigo y además soy muy abierta ya sabes.

- Y tanto… jeje…

- Vaya, vaya, ¿te parezco muy atrevida?

- No Nuria, pero no estoy acostumbrado… a que una chica, así…

- ¿Así como?, dime, dime…

Todo iba saliendo perfectamente, mejor incluso que el primer plan previsto.

- Pues Nuria, que una chica como tú… contándome esas cosas aquí en tu dormitorio, en tanga… no sé... entiéndeme…

- Ah, vaya, te cortas entonces porque una amiga pueda contarte esas cosas. A mi me encanta hablar de sexo, creo que es muy sano charlar de eso y muy divertido.

- Bueno, sí.

- Pues eso. A mi por ejemplo me encanta follar, menos mal que mañana viene mi chico, que si no me tiraba a lo primero que se moviese, me encanta sentir una polla bien adentro… y ahora más que nunca que llevo diez días sin probar una… no te imaginas lo que es eso. Así que… si quieres…ya sabes…

- Vamos Nuria, no vaciles…

Mi chico se tomó aquello a broma y se volvió a seguir trabajando con el aire acondicionado como si no pasara nada. No podía creérmelo. Mis manos mientras tanto continuaban acariciando mis dilatados pezones. Ella seguía al ataque.

- Bueno, entonces ¿te gusta mi conjuntito?

- Sí, sí. – contestó el algo maquinalmente pero convincente.

- Bueno, aunque creo que quizás me quite el sujetador.

A continuación sin dilación se soltó el broche del sostén y lo tiró al suelo. Sus enormes tetas botaban a cada movimiento y Pablo se giró sorprendido sin creerse todavía lo que estaba viendo con sus propios ojos, paralizado sin saber como actuar.

- Bueno, ahora por fin puedes vérmelas – añadió ella acercándose lascivamente a mi novio.

La cara de él era un poema, miraba a sus tetas, miraba al diminuto tanga que cubría su sexo, aquellas curvas salvajes que se le aproximaban lentamente y con toda sensualidad.

- Aquí las tienes, ¿no es lo que querías?

Yo al tiempo me había despojado de la falda y tenía mi mano metida dentro de las braguitas acariciando mis labios vaginales, animando aun más la calentura que me provocaba aquella sensación novedosa y… tan satisfactoria.

- ¿Qué te parecen? ¿Te gustan así, grandes?

- Sí, son muy bonitas.

- Tócalas, anda…

- Nuria…

- No seas tonto hombre, aprovéchate que esto que ardo… – sentenció Nuria metiendo la mano bajo la camisa de mi chico y pellizcándole el pecho. - ¿Ves? Yo te toco a ti tus tetillas y no pasa nada… ven tócame…

La mano temblorosa de él se acercó por fin a los pechos de ella y los acarició suavemente. Mi amiga cerró los ojos y soltó un leve gemido.

- Uhhhmmmm, Pablo, estoy muy cachonda, estoy tan necesitada de una buena polla, que no te puedes imaginar...

Era increíble la calenturienta estrategia de ella. Yo seguía con mi mano acariciando mi rajita que para entonces estaba dilatada y muy mojada. Era cierto eso de sentir una especie de vértigo muy especial viendo a mi chico atrapado en las fauces de una zorrita como era mi amiga.

- Pablo, tócame, acaríciame las tetas, si, sii…. – añadía ella.

Las manos de mi chico estuvieron un buen rato sobando aquellos pechos que tanto debía haber soñado y por fin tenía enteros para él.

- Pablo, déjame ver tu polla, necesito verla… por favor.

- Nuria, creo que ya está bien… Ya nos hemos pasado bastante- dijo de repente separando sus manos del cuerpo de ella como si le hubiera dado un calambre.

- Pero Pablo…

- Somos amigos, no puedo hacer esto... mi novia es tu mejor amiga…

- ¿No te gusto, entonces?

- ¿Qué dices Nuria? Me encantas, eres preciosa… eres un ángel…

- No lo entiendo, solo te estoy pidiendo un favor, si somos amigos, ¿no puedes hacerme ese regalo? Solo te pido que me dejes ver eso que está tan duro, solo verlo… hace tiempo que no veo una verga bien dura.

- Pero es que… Lydia…

- ¡Que le den por el culo a Lydia! – soltó ella algo irritada por la resistencia de mi chico, dejándome muy sorprendida por esa actitud, pero al mismo tiempo esa brusquedad en sus palabras me excitaba aún más de lo que estaba.

- Nuria…no puedo hacer eso…

- Ah, vale, ¿quieres que me quite todo?

La imagen siguiente era la de una víbora convertida en mujer que bailando de forma lasciva, se despojaba lentamente de su tanga, bajándolo por sus muslos morenos sin dejar de mirar fijamente a los ojos de Pablo que observaban la nueva perspectiva de mi amiga completamente desnuda y danzando de la manera más sensual del mundo. La ausencia total de vello en su pubis fue otra cosa que me llamó la atención y por supuesto a él también, delatado por sus ojos asombrados y sabiendo además cuanto le gustaría que yo hiciera lo mismo.

- Bueno, ya estoy en pelotas. Ahora no tienes excusa, hombretón.

No le dejó opción a réplica y puso manos a la obra. Se acercó de nuevo a Pablo despojándole de la camiseta ante la impasividad de él, le acarició su torso desnudo y a continuación le bajó los pantalones, todo como si formara parte de un rito, de un baile diabólico y erótico. Lo dejó solo con su bóxer ajustado y marcando una polla debajo que se adivinaba en todo su esplendor. Nuria ante aquel panorama aplaudía nerviosa y decía:

- Vaya, vaya, pero cosa más rica tienes ahí

- Nuria… esto no está bien…

- ¿Qué? Esto está de maravilla. Se adivina algo grandioso. – insistía impresionada.

Se agachó frente a mi novio y lentamente le bajó sus calzoncillos dejándole desnudo ante su atónita mirada y la mía y con una tremenda erección frente a sus ojos.

- ¡Dios mío que pollón! – dijo ella efusivamente ante el miembro completamente erguido y que me pareció incluso más grande que otras veces.

Mi chico comenzó a rendirse ante lo imposible, pues en ese momento cerró los ojos al notar como los dedos de ella comenzaban a juguetear con su glande, con sus huevos…. Los dos cuerpos se pegaron. La visión era extraña para mí, pero altamente explosiva. Mi amiga y mi novio desnudos y abrazados, las manos de ella acariciando su duro tronco y las de él, completamente integradas ya en el juego, sobando el culo de aquella explosiva mujer y besándola con todas sus ganas, retorciendo sus cabezas, sus labios, sus lenguas… Pablo no pudo resistir la tentación de comerle las tetas, ese bocado tan esperado y exquisito. Ella cerraba los ojos y pronunciaba su nombre sin cesar:

- Ayyy, Pablo, Pablo…

Yo ya me había despojado de toda la ropa. Estaba más excitada que nunca. La visión de sus dos cuerpos despelotados invitaba a estar desnuda al igual que ellos metida en aquel armario y masturbándome como una posesa ante la visión más alucinante de mi vida.

La siguiente imagen era la de ella tumbada en la cama y mi chico chupándole los pezones y acariciando sus muslos, su cintura, su pubis completamente afeitado. No daba abasto y quería comérsela literalmente. Su siguiente paso fue la de colocarse entre sus lindas piernas y comenzar a chuparle la brillante rajita. Ya no había excusas, no había marcha atrás…

- ¡Pablo, que gusto!… ¡me matas!… ¡cariño…que bien lo haces!- suspiraba ella.

Mi chico continuaba agachado entre sus piernas y observando la preciosa desnudez de aquella diosa que se le ofrecía tan fácilmente. Mi sensación era cada vez más caliente y mis movimientos en el clítoris casi tan veloces como la lengua de él sobre su coñito que se corrió jadeando con fuerza y dando gemidos sin cesar mientras acariciaba el cabello de mi hombre. Al mismo tiempo que ella jadeaba y respiraba entrecortadamente yo intentaba acallar mis propios jadeos tapando la boca con las prendas que colgaban de aquel armario.

- Ahora quiero comerte esa polla preciosa – dijo mi amiga, que sentada sobre la cama acariciaba con una mano los huevos de Pablo y con la otra su miembro dulcemente en pequeñas caricias que le hacían tambalearse.

Yo continuaba con mi paja pasando el dedo corazón a lo largo de mi rajita caliente y disfrutando de la imagen que me ofrecía aquel estratégico parapeto. Nuria jugaba con la mayor de sus travesuras sobre la verga de mi novio, sacando su lengua y rozando su frenillo o chupando los huevos y metiéndolos por completo en su boca. Comenzó a introducirse lentamente la polla rígida de mi chico. Centímetro a centímetro su carne se abría paso entre los labios ardientes de aquella boca sedienta. Sacaba la lengua, apretaba los labios, sacaba los dientes y todo sin dejar de mirarle a los ojos y disfrutar de ese buen trabajo que le estaba proporcionando.

- ¡Que gusto, que pasada… eres una delicia! – añadía él.

- ¿Te gusta eh?... Seguro que Lydia no te la chupa así de bien… – sentenció ella separando su boca y mirando de reojo hacia al armario.

- No, desde luego que no… lo haces divinamente… mucho… mejor…

Contrariamente a lo que pueda parecer, aquello no me molestaba en lo más mínimo, deseaba querer oírlo y sentir como mi amiga me superaba en lo que tantas veces me creía dominadora. Eso me excitaba de una forma extraña. El miembro brillante continuaba desapareciendo una y otra vez en su boca sin cesar y sus manos que habían abandonado la polla de Pablo pasaban de acariciar la tripita a las nalgas de mi chico. Desde luego sí que parecía una diosa tremendamente bella ante un hombre completamente rendido a sus habilidades.

- No puedo más… me voy a correr – dijo él apenas pasados unos minutos.

- Pues hazlo. Pero quiero que lo hagas en mi boca, hasta adentro, quiero sentir tu leche correr por mi garganta…

Aquellas palabras dejaron atónito a mi novio y a mí también, pues nunca le había permitido que se corriera en mi boca a pesar de habérmelo pedido en innumerables ocasiones. Sabía que aquello era uno de sus deseos más fervientes y una de sus fantasías incumplidas. Ella se colocó tumbada sobre la cama quedando su cabeza colgada fuera de las sábanas, boca abajo.

- Ahora Pablo, fóllame la boca, quiero tu polla entrando y saliendo… dámela…

A continuación él flexionó las piernas y ubicó su duro pene a la entrada de su boca y comenzó a meterla despacio primero, y luego desesperadamente. Era como si le estuviera follando literalmente la boca una y otra vez, entrando y saliendo mientras ella se acariciaba el clítoris, lo mismo que estaba haciendo yo. Nuria acariciaba con su mano los huevos inflamados de él, y en pocos segundos sus músculos se tensaron produciendo el aviso inequívoco de que se iba a correr. Apretó más su polla contra la boca de mi amiga en algo que me parecía inaudito pues se la enterró por completo hasta hacerla desaparecer. Los gemidos y los aullidos de él eran también extraños para mí, pues nunca había conseguido hacerle pasar un momento como ese y se veía que espasmo tras espasmo depositaba todo su semen en el interior de la garganta de aquella mujer rendida a su falo.

Nuria tragó gran parte de la corrida y aun tuvo tiempo de jugar con los restos que le quedaban sobre la lengua, estirando con la punta de sus dedos las cortinas de leche pringosa que le había quedado mientras le miraba juguetona y cachonda. Él permanecía exhausto sobre la cama observando como aquella chica seguía danzando e invitando con ese cuerpo y sus enormes y perfectas tetas a lo que quedaba por venir. Él sonreía, haciendo entender lo tremendamente satisfecho que se encontraba, como nunca… diría yo. De pronto Nuria sin dejar de bailar de forma sensual, se acercó al armario y a través de la pequeña rendija que nos separaba me mostró su lengua aun manchada del semen de mi novio. Jugaba con aquel néctar y me lo enseñaba victoriosa. ¡Que sensación, que placer sentía yo al otro lado!

- Ahora ¿quién va a ser el que me la va a meter bien adentro? – decía ella con aire de inocencia sin dejar de mover sus caderas provocando el despertar de aquella polla recién ordeñada.

- Nuria que buenísima estas… vaya polvo que tienes… - le decía él admirándola.

- Vamos a levantar a esa cosita. – añadió ella.

A continuación se tumbó sobre mi chico moviendo su cuerpo desnudo, pegados piel con piel y besándose de la manera más alocada… Las lenguas danzaban fuera de sus bocas y sus respectivas manos no paraban de acariciar el cuerpo del otro. Dando besitos por el pecho, los hombros, el ombligo hasta llegar de nuevo a la polla de Pablo, donde ella intentó con su lengua estimular a la “bestia dormida”. Pero las que realmente consiguieron milagrosamente recuperarla tan pronto fueron sus tetas… aquellas enormes tetas que habían acurrucado el miembro de mi novio hasta lograr enderezarlo en su máximo esplendor. La polla desaparecía una y otra vez entre aquellos pechos anhelados y que ahora estaban enteramente a su disposición.

Mis dedos seguían acariciándome el clítoris y percibía como el orgasmo se aproximaba al ver a Nuria colocándose con sus piernas abiertas sobre él y como lentamente se ubicaba la polla a la entrada de su chochito depilado y se sentaba lentamente hasta conseguir insertárselo por completo, hasta que ambos lanzaron un suspiro profundo.

- Nuria, que gusto…

- Sí Pablo, que bien, que cosa más dura tienes…

Comenzaron a follar con fuerza. Ella se dejaba caer sobre aquel miembro aguantando su peso con sus manos sobre el tórax de Pablo que respiraba con dificultad acariciando el culo respingón de ella. La imagen era tremenda, inusitada para alguien como yo que no entendía como podía estar tan excitada de verles haciendo el amor delante de mis narices. En esa habitación solo se escuchaba el sonido de aquel metesaca veloz y rítmico, sus jadeos y mi respiración entrecortada cuando alcancé uno de los orgasmos más increíbles de mi vida, con el temor de que me pudieran escuchar.

- Nuria como follas, que gusto… - repetía él.

Yo aprovechaba para amortiguar mis gemidos con la ropa colgada en aquel armario mientras se oían los jadeos del otro lado:

- Fóllame Pablo… házmelo… quiero ser tu puta, me corro, me corro…

A los pocos segundos su cara quedó apoyada sobre el pecho de mi novio que seguía empujando su pelvis desde abajo, hasta que al poco rato se corrió de nuevo dentro del coño tan soñado de Nuria, que lo besaba exhausta en la boca.

Después de aquel polvo sus cuerpos quedaron unidos un buen rato mientras mis dedos seguían acariciando mis dilatados labios vaginales, mi clítoris, mis pezones… en los últimos estertores de mi divino orgasmo.

- ¿Qué te ha parecido Pablito? – preguntó ella.

- Una maravilla… eres una bomba…

- ¿Entonces lo hago mejor que tu novia?

- Mucho mejor… ufff, me has dado un placer inmenso. Nunca había echado un polvo como ese.

- Tendremos que repetirlo… que no me entere que esa polla pasa hambre…jaja… - añadió ella mirando hacia el armario y guiñándome un ojo.

A continuación ella se la introdujo en la boca y terminó de limpiar los restos de semen y sus propios fluidos hasta dejarla completamente brillante.

Aun siguieron besándose y acariciándose, para terminar con otro espectacular polvo al que volví a asistir como espectadora anónima y que disfrute nuevamente con un orgasmo delicioso; Tras aquella mañana tortuosa llena de sexo, donde por cierto quedó sin reparar el aparato de aire acondicionado, los dos se despidieron con una buena sesión de besos.

- ¡Pablo! – le dijo ella en el último instante en que él abandonaba su dormitorio.

- Dime, preciosa.

- ¿Me prometes una cosa?

- Claro, lo que quieras…

- Cuando estés follando con Lydia, ¿pensarás en mí? ¿Imaginarás que soy yo la que esta debajo de ti? ¿Cerrarás los ojos y me verás a mí follando? ¿me lo prometes?

- Prometido. – añadió él dándole el último morreo que me produjo un nuevo calor interno difícil de describir.

Ese fue el inicio de varias visitas para observar a mi novio follándose a mi amiga y comprobando no solo que ambos disfrutaban plenamente, sino que yo lo hacía también de una manera que no había conocido hasta entonces… que me embriagaba… me hechizaba. Me había convertido en voyeur incorregible de mi propia pareja y eso había degenerado en una dependencia colosal… en una droga que no podía soltar, pues cada vez me excitaba más, hasta incluso el día de hoy que sigo enganchada.

Lydia
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3 comentarios:

Chien lo sa dijo...

Me ha encantado tu relato y me encantaria hablar contigo.

Si te apetece visita mi pagina y me cuentas que tal:

http://relatosymuchomas.blogspot.com/

Un beso!!!.

Xavier.

Anónimo dijo...

BRUTAL

Marc dijo...

Maravillosamente morboso este relato de la infidelidad consentida y provocada, del voyeurismo, del deseo, de la lujuria llevada al extremo.

Como siempre haces que las fantasías parezcan reales como la vida misma cuando tú las describes con tu maestría narrativa.

Un beso.

Marc.

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