domingo, 1 de abril de 2007

David y yo éramos vecinos, vivíamos en una zona residencial de las afueras de la ciudad. Íbamos juntos a la escuela pues teníamos la misma edad y así crecimos juntos hasta que un día cuando rondábamos los 15 años tuvimos que separarnos por estar destinado mi padre en otro lugar.

Él y yo desde que nos hicimos compañeros de juegos permanecimos muy unidos. Algunos creían que éramos hermanos en vez de vecinos pero a nosotros nos gustaba considerarnos como novios y ese era nuestro gran secreto. Yo por entonces era una cría muy modosita, pero gracias a David empecé a convertirme en una mujer. Juntos descubrimos muchas cosas: nuestro primer beso, las primeras caricias, nuestros respectivos cuerpos y el placer que se puede proporcionar con ellos. Él siempre me llamaba Nena, era un apodo cariñoso.

Han pasado 10 años desde entonces y hemos mantenido correspondencia, intercambiamos fotos, charlamos por internet y por teléfono, pero físicamente no hemos vuelto a vernos. Yo me he casado y él ha estado con una chica con la que ha roto recientemente. Ese fue el motivo por el que me llamó desesperado y bastante deprimido. No lo dudé dos veces, tomé el primer avión con la idea de pasar un rato juntos e intentar consolarle de alguna manera, pues le notaba muy afectado por su separación, además tenía muchas ganas de verle, siempre habíamos hablado de volver a vernos nuevamente, si él venía o si yo iba, el caso es que esta era una buena oportunidad para reencontrarnos...

Sin dudarlo dos veces, tomé el primer avión. En el viaje no dejaba de pensar en los buenos momentos que vivimos juntos. David y yo tenemos casi la misma edad y siempre hemos sido buenos compañeros: en los estudios, en los juegos, en casa, estabamos muy unidos. Tengo muchos recuerdos de nuestros tres años y pico juntos, pero los más vivos están en nuestros juegos amorosos, en el descubrimiento que hicimos el uno del otro...

No sé como empezaron aquellos juegos pero creo que todo se originó el día que yo cumplía los 13 años. Recuerdo que ese día llovía mucho y decidimos jugar en el sótano que tenían sus padres junto al garaje. Era el lugar ideal para estar tranquilos y siempre había cosas con las que entretenerse: libros, juguetes, fotos, cacharros... sin embargo ese día nuestro entretenimiento iba a ser otro. Estábamos aburridos sentados uno enfrente del otro en dos cojines en el suelo. Yo había dado un cambio considerable, apenas unas semanas atrás había tenido mi primera regla y estaba desarrollando a marchas forzadas, mis tetas eran más grandes que las de otras chicas de mi edad, mi pubis empezaba a poblarse de vello y mis curvas iban convirtiendo mi cuerpo de niña en el de una mujer. Mi cuerpo estaba bien proporcionado, además el hecho de jugar al voleibol había torneado aún más mis piernas y mi culo. Mi cabello era rubio natural y largo hasta media espalda. David notaba esos cambios y podía darme cuenta de ello por la manera en como me miraba, me observaba detenidamente, ya no éramos dos niños y nuestra curiosidad iba en aumento. Él también había cambiado, quizás no tan deprisa como yo, pero notaba que su cara ya no era la de un crío, además era 8 meses mayor que yo y en esas edades se nota. Su cuerpo había crecido, pegando un estirón considerable, con el pecho más marcado, también debido a que practicaba natación. Sin duda él me atraía mucho.

El caso es que después de pasar un rato observándonos, comenzamos a jugar, primero con los cojines, golpeándonos uno al otro, luego empujándonos en el suelo y haciéndonos cosquillas como tantas otras veces, solo que esta vez David acarició una de mis tetas accidentalmente y se quedó quieto durante unos segundos, después apartó la mano rápidamente.

• ¿qué pasa? - pregunté.
• No, nada, nada. - respondió él algo azorado.

Seguimos jugando y nuevamente sus manos rozaron mi pecho, pero esta vez lejos de apartar la mano siguió sobando mi teta derecha con ganas. Yo no llevaba sujetador (a pesar de que ya lo necesitaba) y sus manos a través de mi camiseta hacían que mis pezones se pusieran duros como piedras, aquella sensación fue muy extraña para mi y también para él, pero seguíamos en esa posición: yo tumbada de lado, él detrás de mi y sus manos abarcando mi pecho. Yo estaba en la gloria, nunca había sentido nada parecido. Si bien es verdad que yo ya me había acariciado las tetas más de una vez, incluso había explorado mi propio cuerpo jugado con mis dedos en mi coñito, nunca había obtenido tanto gusto como el que me estaba dando David con sus manos. Yo no sé muy bien si tuve un orgasmo o solo fue puro placer, pero fue una experiencia deliciosa.

Recuerdo como pasaron varios días y mi vecinito y yo nos mirábamos de otra manera, no hacíamos ningún comentario sobre lo ocurrido, pero nuestra compenetración era tan grande que una mirada era suficiente para saber que era lo que pasaba por nuestras mentes.

Unos días más tarde, casi telepáticamente decidimos volver al sótano para jugar, sabíamos o intuíamos que algo iba a suceder. Yo me había puesto unos pantalones muy ceñidos de color blanco y una blusa de colores, sin duda que a David le encantó. Él llevaba unos vaqueros y una camiseta negra que le sentaba de miedo. Volvimos a sentarnos sobre los cojines uno enfrente del otro. Al principio no hablábamos, tan solo nos mirábamos, pero de pronto reímos a carcajadas, aquella era una situación que nos hacía estar nerviosos. Teníamos mucha confianza, nos conocíamos más que bien, pero estabamos algo desconcertados y algo cortados por la situación.

* Me gustó mucho tocarte las tetas el otro día Nena (así era como me llamaba).

Creo que enrojecí cuando me dijo aquello y yo contesté:

* A mi también me gustó mucho, sentí un escalofrío por todo el cuerpo...
* Me gustaría vértelas.
* ¿el qué?
* Las tetas....

Me quedé mirándole sin decir nada, respirando profundamente, recuerdo que estaba muy excitada.

• ¿Ahora? - pregunté yo haciéndome la tonta.

Casi no me dejó acabar la frase, se acercó donde yo estaba sentada, se arrodilló frente a mi y comenzó a desabotonar mi blusa, dispuesto a quitármela. Yo me dejé hacer. Lentamente fue cayendo la blusa por mis hombros y mis tetas se mostraron por primera vez ante él. Se separó ligeramente de mi y se quedó mirándolas embobado, nunca las había visto y ya no eran las tetas de una niña sino dos bien formados pechos. Mis pezones estaban duros y tras unos minutos en los que los dos estábamos parados, él comenzó a acariciarme, primero por los costados, notando como mi piel era diferente en esa zona, mucho más tersa, suave y sensible. Después pasó sus dedos por mis pezones que estaban duros como la roca y aquello me encantaba, era algo que nunca había experimentado y que me encantaba...

.....

La azafata me ofreció prensa para leer mientras todos estos recuerdos bombardeaban mi cabeza. Intenté concentrarme en la lectura de las noticias del mundo porque aquellos recuerdos estaban poniéndome muy caliente, tanto, que notaba como mis pezones se habían endurecido. Sin embargo la lectura se me desdibujaba y emborronaba, pues los recuerdos de David volvían a mi cabeza...

Recuerdo la vez que fuimos de excursión con nuestras bicicletas, hasta llegar a un pequeño bosquecillo junto al río. Alli estuvimos sentados, mojándonos los pies y charlando de cosas banales, todo hasta que en un momento que estabamos sentados en la orilla de aquel hermoso paraje, David me tomó por los hombros, me miró fijamente a los ojos y me besó. El contacto de aquellos labios en los míos, era una sensación muy placentera y la primera vez que sentí lo que era un beso. Nuestros labios se juntaban como si fueran dos imanes, nos sentíamos muy a gusto, tanto que pasaron las horas sin darnos cuenta.

Unos días más tarde fue en el sótano donde volvimos a practicar nuestros juegos. Yo llevaba un pantaloncito corto y una camiseta y él llevaba unos pantalones de lino y una camisa, recuerdo que estaba guapísimo... Pusimos música y comenzamos a bailar, sus manos subían y bajaban por mi espalda dulcemente y yo estaba feliz, deseaba ese momento tanto que también deseaba sus caricias y su cuerpo.

Sin dejar de bailar me sacó lentamente la camiseta quedando mis tetas nuevamente a su mirada, yo hice lo mismo y le quité su camisa. La sensación que producía el roce de nuestros torsos desnudos uno contra el otro era maravillosa y así permanecimos unidos bailando al ritmo de aquella inolvidable canción. El segundo paso era besarnos y lo hicimos como días atrás en el río, aunque esta vez nuestras lenguas jugaron y exploraron nuestras inexpertas bocas. Sus manos acariciaron mi culo por encima de mi pantalón para luego, siempre muy lentamente bajármelo por completo hasta los pies.

Casi sin darnos cuenta nos quedamos en pelotas uno enfrente del otro, algo nos había impulsado a hacerlo y apenas sabíamos como había ocurrido, pero ahí estábamos los dos mirándonos embobados. Recuerdo que él no quitaba ojo cuerpo desnudo y yo tampoco podía desviar la mirada de su tieso miembro, era la primera vez que veía uno en vivo. De repente se acercó a mi y me besó en el cuello, siguió con su lengua bajando por mi cuello y su pene rozaba mi cintura. Continuó dibujando con su lengua mi cuerpo hasta llegar a mis tetas donde me mordió y me chupó con ganas, yo creía enloquecer y no se como acabé tumbada en el suelo con la cabeza de David entre mis piernas. Se detuvo a observar mi chochito con los primeros pelitos, para después acariciar mi pubis con sus dedos, a continuación fue su lengua la que exploró mis muslos, mis ingles y lo que nunca había sentido: su lengua chupando mi rajita húmeda. Aquello terminó de volverme loca y entonces sentí y aprendí lo que era un verdadero orgasmo...

Inconscientemente me arrodille, tomé con mi mano aquel caliente y duro falo y comencé a masturbarle lentamente, lo había visto en alguna película e intentaba repetirlo, cuando algo me impulsó a besarlo, a chuparlo, a comérmelo. Allí estaba yo de rodillas frente a David chupando su brillante glande y saboreando los jugos que de él salían. Era la primera polla que tenía entre mis manos y desde luego entre mis labios. En un momento que me separé de él, salió disparado de aquel falo una serie de chorros que me impresionaron y que bañaron mi cuerpo desnudo, desde mi cara hasta mis muslos...

A partir de ese día nuestros juegos se convertían en cotidianos, cada atardecer no metíamos en aquel sótano, nos desnudábamos uno al otro y comenzabamos nuestras sesiones de caricias, besos y chupeteos, descubriendo nuestros placeres más ocultos. Debo reconocer que David me enseñó a disfrutar y a amar el sexo y supongo que él también lo vivió conmigo.

Nuestros juegos no llegaron más allá de las caricias o de explorar nuestros cuerpos con nuestras respectivas lenguas, pero supongo que si hubieramos estado más tiempo juntos habríamos descubierto nuevas cosas... Nunca hicimos el amor completamente, pero esa era nuestra asignatura pendiente...

.....

El avión llegó a la terminal del aeropuerto y me dirigí a recoger mi equipaje. Mi corazón estaba más que acelerado, me sentía muy nerviosa, había pasado mucho tiempo y tenía muchas ganas de volver a ver a David, sentía unas enormes ganas de verle, de besarle, de tocarle, de sentirle. ¿que pensaría él? ¿me desearía como antes? ¿habría cambiado mucho?

Todas mis dudas desaparecieron cuando salí al enorme hall del aeropuerto y allí estaba él esperándome: Su cara estaba resplandeciente, sus ojos brillaban... No había cambiado casi nada, tan solo 10 años más pero seguía teniendo esos rasgos tan marcados, esos penetrantes ojos, su color de piel tostada, sus carnosos labios...

* ¡ Nena !, ¡Nena! - me llamó a gritos.

Llegué corriendo hasta él y nos fundimos en un abrazo. Así permanecimos durante un buen rato, eran muchas las ganas de reencontrarnos... había tanto que decir, tanto de que hablar, tanto que recordar...

* Déjame que te vea.... ¡ estás impresionante ! - me dijo sosteniendo mis manos y observándome de arriba a abajo.
* Tu estas igual que siempre... bueno, te has hecho todo un hombre...ja,ja,ja... -contesté yo bastante nerviosa...

Nos quedamos allí mirándonos como dos colegiales, sin duda que los dos seguíamos sintiendo esa misma sensación, la de seguir siendo cómplices y de desearnos mutuamente.

* Te he reservado una habitación en un hotel que te gustará, ya sabes que no puedo llevarte a casa porque volví con mis viejos...
* No importa, siempre que te quedes conmigo en el hotel. - le respondí.
* Antes de eso, si me lo permites, tengo que presentarte a mis amigos, les he hablado tanto de ti que creen que eres una invención mía.
* Esta bien, saquémosles de dudas.

Llegamos a un pequeño café cercano al hotel donde íbamos a hospedarnos y allí nos presentamos: David pasaba su brazo por mi espalda y yo le sostenía por la cintura. Sin duda que no se esperaban que apareciésemos así.

Yo vestía unos jeans ajustados que remarcaban mis muslos y una blusa de flores con un buen escote. Nos acercamos a ellos, me saludaron, me piropearon y David presumía de mi y yo me sentía halagada y admirada por todos ellos.

Nos dirigimos al hotel, dejamos las maletas y bajamos al comedor para seguir charlando mientras cenábamos. Durante la cena nuestras miradas cómplices volvían a ser las mismas de aquellos chiquillos que años atrás jugaban con sus cuerpos, nuestras manos jugaban una y otra vez bajo la mesa como anticipo de lo que íbamos a celebrar en nuestra habitación. Los dos lo queríamos, lo deseábamos con todas nuestras fuerzas.

* Vayamos a arriba - le susurré al oído a David.

Él me sonrió, me tomó de la mano y así subimos en el ascensor mirándonos sin decir nada. Al llegar a la habitación notaba como a David le temblaba la mano, sin duda que él estaba nervioso igual que yo, tal y como cuando éramos unos chiquillos...

Cerré la puerta tras de mí y él me tomó por la cintura:

* Nena, cuanto tiempo he deseado este momento...
* Y yo... - apenas terminé de decirlo cuando sus labios se posaron en los míos y por fín sentí ese chispazo que tanto había deseado. Notaba como mi corazón latía con fuerza, como queriendo salirse de mi pecho.

David comenzó a soltar lentamente los botones de mi blusa mientras me besaba y al mismo tiempo mis manos acariciaban su espalda para llegar hasta su culo. Cuanto deseaba abrazarle, acariciarle.... Yo hacía lo propio y le iba soltando los botones de su camisa, él me quitó la blusa... yo le quité su camisa... después soltó mi sostén, yo desabroché su cinturón... el me bajó lentamente los pantalones, yo hice lo mismo con los suyos... mis bragas descendían enrolladas en mis muslos y sus calzoncillos bajaban por sus musculosas piernas... así quedamos desnudos, uno enfrente del otro, mirándonos sin decir nada, observándonos...

Otra vez él sostuvo mis manos mientras admiraba mi cuerpo desnudo y yo hacía lo mismo viendo como su miembro estaba a punto de reventar y mucho más grande de lo que le recordaba.

David sostenía mis tetas y jugaba con su lengua bordeando mis duros pezones, yo le mordía en el cuello mientras mis manos apretaban sus posaderas, nuestros cuerpos desnudos se juntaban sintiendo todo el calor, todo el sudor, todo el aroma de dos amantes desesperados, anhelábamos tanto este momento.... aún así seguimos despacio, con parsimonia, siguiendo esa especie de rito que hacíamos cuando éramos dos adolescentes... aunque ahora, después de tanto tiempo, era difícil contenerse...

Mi cuerpo se estremecía con sus caricias y cuando sus labios se posaban en mi pecho, al mismo tiempo mis uñas se clavaban suavemente en su espalda y las suyas rodeaban mis caderas...

De la mano me acompañó hasta el borde de la cama y me invitó a sentarme. Mi respiración estaba acelerada, intentaba controlarme pero no podía. Se arrodilló frente a mi y de nuevo me observó de arriba a abajo, recreándose en cada una de mis curvas, todo sin decir una sola palabra. Su boca volvió a mi pecho y me besaba con mucha suavidad siguiendo el contorno de mis tetas, después bajó lentamente hasta mi ombligo, mis muslos, hasta que vi las estrellas cuando su lengua se posó en mi sexo...

* Ahhhhhh !!! Dios, Dios... !! - exclama yo cerrando mis ojos y agarrando fuertemente su pelo.

David besaba con sus labios mis ingles y jugaba con coñito y su lengua, mis espasmos iban y venían hasta que un intenso orgasmo me invadió sin dejar de repetir su nombre y jadeando entrecortadamente...

Él levanto sus ojos y vió en los míos la cara de deseo y de placer que me acaba de proporcionar, cuando se incorporó de pie le agarré de su tieso pene y comencé a masturbarle, lo hice despacio, tal y como lo hacía años atrás mientras le sonreía y le miraba directamente a los ojos. Después, así como estaba sentada en la cama y el en pie frente a mi, metí su polla en mi boca apretando mis labios fuertemente, sabía que eso no podía durar mucho y esta vez noté como en pocos segundos su miembro palpitaba entre mis labios, pero a diferencia de las otras veces metí su polla hasta el fondo de mi garganta y relajándome dejé que se corriera con todas sus fuerzas derramando su caliente leche dentro de mi boca.

Luego bastante cansado se tumbó junto a mi y jugamos con nuestros cuerpos, yo con su ombligo, él con mis muslos, yo su cuello, él con mi espalda, yo con sus pantorrillas, él con mis caderas, así permanecimos jugando durante un buen rato, hasta conseguir que nuestros cuerpos llegasen a la máxima excitación. Los dos sabíamos que íbamos a follar pero queríamos retrasarlo hasta el límite, sabiendo que esa era nuestra primera vez juntos y que la íbamos a disfrutar a tope, queríamos vernos sedientos de sexo hasta tener que rogarlo.

Nuestras respiraciones iban en aumento mientras nos besábamos. Él estaba muy excitado y yo lo notaba, me hizo levantarme y empezó a chuparme todo el cuerpo, no dejó un centímetro de mi piel sin rozar con su lengua, desde mi frente hasta mis dedos de los pies, así me hizo temblar. Luego fue mi turno, el se puso en pie y yo comencé a chuparle por entero, descubriendo su cuerpo desnudo. Ya no pudo aguantar más cuando mi lengua pasó por entre sus huevos y su ano.

Se tumbó en la cama, me tomó por la cintura y me invitó a sentarme sobre él. Agarrando su polla por la base la coloqué frente a mi húmedo coñito y asi en cuclillas como estaba me introduje hasta el fondo aquella caliente daga, la sensación fue maravillosa, increíble, un gusto que nos invadió por completo hasta casi hacernos caer de la cama, boté y boté con fuerza sobre él, haciendo sentir como aquella enorme polla me llegaba hasta lo más hondo de mi cuerpo y recibí una oleada intensa de placer cuando el me pellizcó los pezones, cosa que hizo que tuviera otro nuevo orgasmo. Despues invertimos las posiciones, me tumbé en la cama y dejó mi culito al borde, después me volvió a penetrar de golpe hasta que se corrió abundantemente dentro de mi mientras gritaba y jadeaba como un toro. Fue sencillamente maravilloso y enormemente placentero.

Volvimos a esperar un buen rato para recuperarnos, pero casi sin darnos cuenta, habíamos conseguido volver a excitarnos y a calentarnos con solo mirarnos a los ojos y acariciar nuestros cuerpos. Esta vez probamos a hacerlo de pie, yo contra la pared y un pie a apoyado en el brazo del sofá y como él desde abajo intentaba penetrarme, la postura era difícil, pero al final lo consiguió. Tardabamos más tiempo en cada movimiento. A mi me gustaba ver como entraba su polla en mi coñito y a él le gustaba ver mis tetas rebotar a cada embestida.

El último polvo de esa noche fue en la bañera y conseguimos hacerlo a pesar de estar totalmente extenuados. Fueron momentos de recuerdo de nuestra adolescencia y el placer desbordado de nuestro reencuentro 10 años después.

Gracias David por hacerme sentir tanto placer y por desearte tanto...

Con todo mi cariño,

Lydia



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1 comentarios:

Marc dijo...

Fantástico, Lydia, tu relato saltando en el tiempo para recordar los primeros escarceos amorosos de la pubertad y una buena sesión de sexo adulto.

Como siempre tu fuerza descriptiva hace que al leer tus voluptuosas palabras uno se imagine cada escena como si realmente las estuviera protagonizando y siente como la excitación se apodera de uno a medida que avanza en la placentera lectura.

El detalle de "lo había visto en alguna película e intentaba repetirlo" me recuerda casi todos hemos aprendido en la pequeña pantalla a darnos y dar placer...

Tu relato me ha traído unos buenos recuerdos de mis primeros juegos "prohibidos".

Un beso, preciosa.

Marc.

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