sábado, 31 de marzo de 2007

Es difícil saber que te llevó a marchar,

que te movió a olvidar todo y a todos,

arrastrado en tu angustia y sufrimiento,

en tus secretos, tus desvelos… tus sentimientos.

Contigo aprendí muchas cosas… tantas cosas…

viví en carne propia tus escritos,

descubrí nuevos mundos en tus letras,

me alegré de ver en ti tanto talento…

Cada frase tuya escondía un regalo,

una estrofa envolvía celosa la siguiente

como un canto de ballenas en la noche

adornando con maestría cada verso.

Me sentí una alumna aventajada

con ganas de aprender de cada historia

disfrutando con su estilo y su armonía

descubriendo en tu relatos, mi relatos.


Ahora no estás, si, ya te has ido

quizás a otro mundo o a otro cuerpo,

quizás a otro cielo o a otra vida

quizás estés aquí, aún… todavía.

Estés donde estés, te recordaré

porque fuiste, eres y serás grande,

tan enorme que nunca se te podrá olvidar

y nunca dejaré de agradecerte haber existido.

Estoy triste por tu ausencia

me siento sola, huérfana, herida…

desde aquí quiero darte mi abrazo más querido

y que con su calor no te sientas nunca en soledad.

Adiós a un autor de los mejores, colega, amigo, maestro…

Adiós Vudú Blanco.

Lydia
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1 comentarios:

Marc dijo...

Qué despedida tan sensiblemente bella, tan cargada de lirismo.

Vudú Blanco debió ser alguien muy entrañable y especial para ti para hacerse merecedor de tus sentidos elogios, de tu pesar por su marcha.

Tu frase final:"quiero darte mi abrazo más querido y que con su calor no te sientas nunca en soledad." es merecedora de ser incluida en la antología del sentimiento.

Un beso.

Marc.

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