martes, 27 de marzo de 2007

La azafata me despertó para avisarme de que la cena estaba lista, justo en el momento en el que me encontraba en uno de esos dulces y calientes sueños que le dejan a una flotando… tal y como el avión que me transportaba en esos momentos a Río.

Estaba loca… "Enajenación mental transitoria", diría mi psicólogo, pero ahí estaba yo de camino a la fogosidad, al placer, al paroxismo… Mientras colocaba mi asiento y me servían la bandeja, intentaba acaparar en mi cabeza esos momentos que el sueño me había dejado, en una paz, en un placer tan dulce…

Me preguntaba: ¿Cómo empezó todo?... Recuerdo cuando Sergio, un gran amigo, se presentó en casa el día de mi cumpleaños acompañado de un cliente suyo, un brasileño llamado Mario. Nada más verle, tras estrechar su mano y darle un par de besos, con solo su mirada, una profunda y cautivadora mirada… quedé profundamente impresionada. Fue una de esas veces en las que tu cerebro no reacciona y te vence hasta el extremo de no poder moverte, como si todas las partes de tu cuerpo se hubieran congelado… ¿Flechazo o atracción sexual?… Sinceramente, no lo sé.

Siempre han dicho que los brasileños son de otra pasta, de cuerpos perfectos, miradas profundas y grandes artistas en la cama, sin duda aquel hombre cumplía todos esos requisitos y algunos más. Creo que era simplemente… ¡Perfecto! Mi amigo me había hablado de Mario anteriormente, de lo bueno que estaba el brasileño en cuestión, de cuanto me iba a gustar, pero nunca creí que hasta ese extremo. Fue un chispazo, un cortocircuito diría yo, y es que no pude evitar sentirme terriblemente atraída por él. Mi cuerpo percibía esas transformaciones, tanto que mis pezones se endurecían a más no poder, el calor subía por todo mi cuerpo y mi chochito emanaba flujos en grandes cantidades… Me había puesto más que cachonda en tan solo unos segundos… era increíble y solo ante la visión de un portento "Made in Brazil". Para que luego digan que solo los hombres son "visuales"... yo me quedé prendada con ese chico.

No pude perderle de vista en toda la velada, cada vez que le veía charlar con alguien le observaba, le admiraba, le deseaba… Buscaba la ocasión para enviarle la mejor de mis sonrisas, el más audaz de mis movimientos sensuales… Imagino que presa de la hipnosis o de esa locura temporal, aproveché el descuido de mis invitados a la fiesta, incluido mi novio, y me llevé a Mario al garaje de mi casa. Allí donde nadie pudiera molestarnos. Recuerdo su cara de asombro cuando le di la mano, arrastrándole tras de mí. Más asombrado aún cuando le puse literalmente contra la pared y me despeloté en un abrir y cerrar de ojos y la sorpresa de los suyos al verme así, sin vergüenza ninguna, mostrándome desnuda ante él con todo descaro, pidiendo ser poseída por semejante regalo caído del cielo. Reaccionó con una extensa sonrisa, mientras sujetaba mis manos y me decía:

- Me gustan las mujeres tan calientes y atrevidas como tú…

Un beso apasionado acompañó a miles de caricias, para acabar chupándonos, lamiéndonos… No solo dejé que me devorara el coño, cosa que hizo con auténtica maestría, sino que mi cuerpo fue suyo para todo lo que hubiera querido hacer con él… y que por supuesto, hizo. Follamos de todas las maneras posibles, como dos amantes furtivos y necesitados de sexo, a escondidas, sin decirnos una palabra y a pocos metros de varios de mis invitados… de mi propio novio ¡Dios mío!. No me importó nada ni nadie, ni siquiera cuando me dio la vuelta y previo masaje manual, ensalivando la zona con dulces caricias, mi culo también fue suyo, algo que nunca había dejado hacer antes a mi chico…

Hasta ahí, la historia podría haber sido considerada dentro de una cierta normalidad; digamos que la mezcla de fiesta, alcohol, joven guapo, cachondez… forman parte de un explosivo, y todo pudiera haber sido entendido dentro de lo "comprensible". Sin embargo, lejos de conformarme con eso, a los pocos días del regreso de Mario a su país, yo me quedé muy triste, decaída, hecha polvo… Había sido atrapada por las redes de algo que no podía controlar, estaba fuera de mi propio alcance y entendimiento. Aquel hombre desconocido, ese que me había hecho el amor como nadie… ese ángel divino, de cuerpo celestial, no estaba a mi lado…

Por ese motivo, dado que la oportunidad de volver a estar con él nuevamente no se me presentaría por azar, decidí ir en su busca, fuera donde fuera, lejos de pensar en lo que estuviera bien o mal, encontrarme de nuevo con él, aunque tuviera que viajar hasta los confines del Universo… quería sentir nuevamente ese hermoso cuerpo abrazándome, acariciándome, sentir ese miembro adorable dentro de mis agujeritos.

Encontré una excusa para mi novio, diciendo que tenía un nuevo viaje de negocios y lo único que hice fue coger el pasaporte y tomar el primer vuelo a Río de Janeiro para encontrarme con Mario, sin importarme nada más.

Tras la cena de ese vuelo de mis sueños y, rememorando esos momentos tan placenteros, volví a quedarme dormida, pero esta vez el sueño fue todavía más fuerte, más sentido… Mario me poseía, me hacía suya como un amante que siempre había esperado, tan claro, como si ese sueño fuera una realidad…. En un estado de sopor en el que mi cuerpo se había entregado de lleno a esa visión que cuando desperté estaba bañada en sudor y mi vestido se había pegado a mi cuerpo.

Me dirigí al baño y allí observé mi imagen en el espejo: Pómulos sonrosados, ojos brillantes, mi rostro húmedo… sin duda tenía una calentura de campeonato, algo parecido a una fiebre que me proporcionaba el recuerdo de Mario y su cuerpo… ese endiablado e increíble cuerpo.

Sin dejar de mirarme al espejo, acaricié mis pechos observando como el calor aumentaba por momentos… Levantándome el vestido noté como mi tanga estaba empapado, me lo quité y mi coñito apareció en el espejo mojadito e hinchado. Apoyando una mano en el lavabo con la otra acariciaba mi sexo, le pellizcaba, hasta bajar la mano y poco a poco acariciar mi rajita con mi dedo anular, lentamente, acompasadamente al principio, para a continuación acelerar el ritmo y sentir mi propia masturbación como si me la estuviera haciendo Mario con sus habilidosas manos. Me corrí entre jadeos pensando que seguramente pudieran oírse por todo el avión. Noté algunas miradas cuando regresé a mi asiento y no me sentí avergonzada, al contrario, parecía estar orgullosa de tener sobre mi cuerpo la calentura de mi amante.

A la llegada a Río mi cuerpo parecía pedirme más y más guerra, pensando que mi hombre estaría esperándome dispuesto a todo, igual que yo. En la sala de llegadas del aeropuerto estaba mi amante carioca. Me agarró por la cintura con sus cuidadas y grandes manos y me plantó un beso en los labios que me dejó un regusto delicioso:

- Hola reina, estás preciosa…

Mi indumentaria era más bien escasa: Un vestido empapado era lo único que llevaba encima, pues mi tanga estaba aprisionado en mi puño. Se lo entregué a modo de regalo y de anticipo de todo lo que iba a suceder ese fin de semana, algo que agradeció con una extensa sonrisa. Él vestía una camiseta negra ajustada que remarcaba un impresionante tórax y su abdomen musculoso, y con vaqueros también ajustados y algo rotos, que le daban un aspecto más salvaje todavía.

- Tú si que estás bueno Mario. Te comería aquí mismo… - Ufff, mujer, no me digas eso que me pongo a cien… de hecho ya lo estoy en cuanto te he visto.

Me acerqué a su oído para que nadie nos oyera.

- Mario, quiero que me penetres una y otra vez, como hiciste en mi casa, quiero ser tuya, sentirte entero, no puedo evitar mojarme con solo nombrarte y ahora estoy tan cachonda que no respondo de mi. Dejaría que me follaras en medio de esta sala repleta de gente. Quiero que me mates de placer… - mis palabras salieron por inercia. - A mi también me gustaría, pero antes de que nos detengan por escándalo público, vámonos a mi apartamento…

Me tomó de la mano y me preguntó si no tenía equipaje.

- No lo necesito amor mío, contigo tengo suficiente, no quiero nada más. Quiero aprovechar los tres días que estaré aquí para follar contigo sin parar, quiero tu polla, tu cuerpo, tus besos… eres mi droga… necesito estar unida a ti…

No creía estar pronunciando esas palabras, pero era lo que sentía, difícilmente podía controlar esos instintos animales que me habían llevado a estar con él de una forma tan compulsiva e infantil.

Tomamos el primer taxi y le pedimos que nos llevara con urgencia a la dirección que Mario le dio escrita en un papel, junto a unos reales. El coche arrancó como alma que lleva el diablo. Esa velocidad y mis ganas de ser esclava de aquel guapísimo hombre moreno, hicieron que nos fundiéramos en un beso, que no era otra cosa que un cúmulo de mordiscos, lametones y juegos de lenguas que nos transportaban al séptimo cielo.

Bajé la bragueta de su pantalón y notando que no llevaba nada debajo, saqué su hermosa polla que para entonces se mostraba en todo su esplendor. Miré al espejo y vi los ojos abiertos de par en par del taxista. Le guiñé un ojo, y con una sonrisa le invité a que fuera nuestro espectador privado, sin pensar que eso podría provocarnos un accidente por distracción. Cuando metí el sonrosado glande de mi enamorado en la boca, sentí que todos los sabores del mundo se habían juntado en mi paladar y no pude refrenar las ganas de chuparlo hasta dejarlo seco. El dedo corazón de mi adorado amante se abrió paso entre mis piernas, bajo mi vestido introduciéndose hasta lo más hondo de mi coñito, haciéndome estremecer. Yo seguí chupando su miembro con tantas ansias, con tanta concentración, que cuando quise darme cuenta ya habíamos llegado a su apartamento. No sé ni como no nos matamos por el camino con aquella velocidad. El taxista, un hombre mayor, seguramente habría alucinado con nuestro numerito, y solo se despidió de nosotros con una larga sonrisa. Le di un beso en la mejilla en señal de agradecimiento y salí del taxi abrazada a Mario… no podía estar separada de él ni un segundo.

En el ascensor también nos comimos literalmente las bocas, besándonos y acariciándonos como adolescentes desesperados… Al entrar en su apartamento lo primero que hice fue cerrar la puerta tras de mi, soltar los tirantes de mi vestido y dejarle caer al suelo quedando completamente desnuda frente a él de la misma manera que cuando me visitó en mi casa. Sabía cuanto le gustaba verme actuar así… Después no le dejé otra opción a que hiciera lo mismo con su ropa hasta quedar los dos sin otra indumentaria que nuestra propia piel. Así quedamos, desnudos… frente a frente… Nos sonreímos mutuamente y le dije en un susurro:

- Te pertenezco.

Mario me agarró por las caderas y me subí a él, abrazando con mis piernas su cintura. Seguí besándole por toda la cara en el trayecto hasta el dormitorio, allí me tumbó sobre la cama, tiró de mis piernas hasta dejar mi culo al borde, se agachó ante mi mojado chochito y comenzó a lamerlo con sumo cuidado sin dejar de mirarme a los ojos. Mi cuerpo se estiraba cuando sentía su lengua acariciar mi clítoris. No dejé que siguiera por ese camino, porque unos segundos más y me hubiera corrido como loca…quería sentirlo pero con toda su verga inundándome el coño, arrancándome el más recóndito de los placeres de mi interior. Fue entonces cuando tomé las riendas y le tumbé sobre la cama colocándome sobre él, dándole la espalda. Al frente había un espejo que mostraba nuestros cuerpos desnudos y sudorosos... Agarré su palo por la base orientando la cabeza a la entrada de mi sexo. No costó mucho que se hundiera hasta lo más profundo y que nos provocara un gemido largo y sentido por ambos. Comencé a cabalgar en un acompasado vaivén, percibiendo en toda su intensidad como su verga se abría paso dentro de mi lubricada vagina. La imagen del espejo era para mi la de una desconocida, pues no creía estar haciendo eso… Sonreí viéndome reflejada en él. Mis tetas bailaban al compás de un reconfortante polvo, con un gusto que me transportaba a un paraíso del que no quería escapar… Deseaba con todas mis fuerzas alargarlo por el mayor tiempo posible, pero el placer era tan profundo, tan rico, que no pude evitar tener un orgasmo lleno de gemidos y convulsiones. Mi compañero pronunciaba suaves palabras, acariciando mi espalda, que añadían todavía más calor a mi cuerpo… mi piel se erizaba y mis manos se sujetaban fuertemente a sus brazos sintiendo cada centímetro de su miembro dentro de mi. Giré sobre mi misma, despacito, tratando de no perder la penetración, quedando sobre él cara a cara. Mis tetas se apoyaron sobre su pecho y en esa posición permanecimos un largo rato. La sensación era muy agradable…su polla dura dentro de mi, su lengua caliente jugando con mis labios y su cuerpo sudoroso bajo el mío… ¿Hay acaso mayor placer?

Me incorporé agarrándome al cabecero de la cama, lo que me ayudó a hacer más fuertes las acometidas dentro de mi caliente coño, sintiendo la verga de ese divino brasileño con mucha mayor intensidad, percibiendo cada centímetro de su carne en mi interior. Nunca había echado un polvo con tantas ganas. Mario no tardó en correrse con una fuerza increíble, hasta el punto de notar cada uno de sus chorretones en mi vagina… Uno, dos, tres y hasta cuatro veces pude sentirlos llegar hasta la matriz...

Mi cuerpo cayó nuevamente sobre el suyo para permanecer abrazados durante unos minutos en los que saboreamos todas las mieles del placer. Mirándole a los ojos, le di una lamida a sus labios y le susurré suavemente en su oído:

- ¿Quieres de nuevo mi culito?

No contestó, solo sonrió afirmando ese deseo. Me colocó boca abajo en la cama, puso una almohada bajo mi vientre y mi culo quedó expuesto hacia él en pompa. Mojó sus dedos con nuestros jugos y me los fue introduciendo por ese pequeño orificio poco a poco… uno a uno… No tardó en dilatarse, porque Mario era un experto en ponerme tan loca que hubiera hecho cualquier cosa en ese momento, me sentía entregada, relajada y tremendamente excitada. Al sentir su glande intentando abrirse paso por mi conducto trasero, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Y cuando este logró entrar lentamente la sensación se convirtió en un calor intenso que subía por mi espalda y que me hacía estremecer. Cada centímetro que avanzaba su tronco en mi estrecho agujero me producía más y más placer y cuando estuve completamente empalada por mi guapo brasileño, grité de locura, de dolor, de gusto, de rabia contenida… de todas esas sensaciones que estaban dentro de mi y que ahora expulsaba por mi boca…

Mario se agarraba a mis caderas y bombeaba con tanta habilidad, con tanta armonía, que creía haber entrado en otra dimensión del placer, que se incrementó aún más cuando sus dedos jugaron entre mis piernas hasta llegar a mi clítoris. En cuanto lo hizo me corrí como nunca, llena de espasmos y movimientos involuntarios… Al poco rato y sin dejar de taladrarme una y otra vez en mi agujero posterior, sus manos acariciaban mi espalda mientras musitaba con dulces palabras el gusto que sentía… Se corrió dentro de mí de nuevo y cuando sacó su chorreante miembro, su semen se desbordaba y deslizaba entre mis muslos como si fuera una catarata.

Creo que nos quedamos dormidos durante un buen rato, no sé cuanto, pero el suficiente para volver al ataque una vez más, hasta volver a quedar rendidos de nuevo y nuestros cuerpos exhaustos. Durante los tres días que estuvimos juntos en su apartamento no dejamos de amarnos, con la misma fuerza y tanta pasión como la primera vez. A pesar de nuestros cuerpos doloridos, la sensación de placer y de vivir momentos tan intensos fue tan grande que no importaba todo lo demás.

La despedida fue lo más difícil, dejar Brasil y a mi amante perfecto, ese fantástico hombre que dejó un recuerdo imborrable en mi... Tan costosa fue la separación que mi dependencia de él tuvo que ser tratada por un profesional, que intentó ponerme los pies en la tierra. Sin embargo esa sensación de necesitar de nuevo el cuerpo de Mario, no ha desaparecido todavía…

Lydia
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2 comentarios:

Maria Alexandra dijo...

Wow!!

he leido con mucha atencion cada palabra..cada descripcion y se me ha hecho imposible recordar la experiencia con mi joven amante brasileño...perdido en algun rincon de este pais (Chile)...

Vuestro relato a traido a mi mente...los mejores recuerdos de aquel hombre que con su cuerpo moreno cautivo cada uno de mis sentidos...

Coincido en los buenos calificativos hacia los brasileño...

100% recomendable.

Marc dijo...

Como siempre, Lydia, con "Made in Brazil" has conseguido armar un relato erótico precioso.

La indroducción es deliciosa, pero la forma en que describes tu salvaje sesión de sexo con Mario en su apartamento de Río es tan real, arrebatadora, intensa y excitante que me parece poder veros a los dos en pleno combate animal, abandonados y entregados a la experimentación de la lujuria y el placer físico más primitivos, básicos e instintivos.

La fuerza descriptiva característica de tus historias hacen de ti la mejor autora de relatos eróticos de la red, aún no he leído nada no ya mejor sino siquiera de igual nivel que tu magistral obra tan solo superable por ti con tus futuras composiciones porque creo que tu talento, como los buenos vinos, seguirá mejorando y sorprendiendo muy grátamente con el paso del tiempo.

Un beso.

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