miércoles, 21 de marzo de 2007

(Ejercicio - Relatos de crímenes)

Esta noche oscura, mientras te esperaba nerviosa bajo la luz tenue de una farola, se manifestaron en mi mente los recuerdos del día que nos vimos por primera vez ¿Recuerdas? Fue aquella tarde lluviosa cuando me ofreciste tu paraguas, tan amable, tan atento… Igual que aquellas primeras ocasiones en las que me hiciste sentirme tan bien a tu lado, necesitada de tu compañía enseñándome los secretos del amor… salí de mi inocencia con tu saber, tu experiencia, tu ternura... Aprendí a besar contigo, transportándome al séptimo cielo con tu lengua y tus caricias. Arrancaste mi primer orgasmo con unos dedos maravillosos y desconocidos. Fuiste tan cuidadoso la noche que te entregué mi virginidad que aun hoy guardo aquel día como uno de los más dichosos de mi vida. Hoy han vuelto a temblarme las piernas, como entonces, como todas aquellas veces… aunque por otra razón.

Al verme hoy, esperándote, me sonreíste ampliamente, de la misma manera inocente que recuerdo de nuestros primeros encuentros, como la de aquel chico guapo y travieso que me venía a buscar a casa cada tarde, aquel que me regalaba amor, dulzura y pasión, sacados del corazón. Esta noche he querido pensar por un momento que todo iba a ser igual que entonces, que volveríamos a crear nuestro mundo juntos, regresando al punto cero. Esta noche yo también te sonreí inocente, como aquellas veces.

Hola bonita, que guapa estás. – me has dicho mirando fijamente a los ojos y observando mi cuerpo tembloroso bajo mi gabardina gris.

Hola. – te respondí ocultando mi recelo y devolviendo tu beso con cierto temor.

Tus caricias en mi espalda desvelaban ese amor, ese resquicio por el que me asomé pensando por un momento que era cierto todo lo que imaginaba. No obstante, el olor a alcohol que desprendía tu aliento me ha despertado de ese sueño absurdo, recordando las verdaderas razones que me trajeron de nuevo a ti. He vuelto a la realidad de forma cruda y… súbita.

Cuanto me alegro, nena, que hayas recapacitado. Sabía que no podías vivir sin mí mucho tiempo. ¿O no? – con tu frase otra vez me has recordado ese poder que influyes sobre mí.

Así es, amor… No sé por qué me empeñé en no verlo. – te he contestado intentando convencerte y casi auto convencerme.

Sabes que te amo preciosa, verás como ahora sí que todo va a cambiar…

Esa frase también me ha trasladado a la cruda realidad, abofeteando mi mente, con la misma fuerza con la que tu mano acabó estrellándose en mi cara en tantas y tantas ocasiones; De la misma manera que tus golpes secos dejaron tambaleando mi cuerpo una y otra vez, con esa intensidad de las amargas palizas que recibía de tus manos durante estos últimos años, sin entender por qué… solo recibiendo un puño que se ensañaba en mi rostro haciendo brotar la sangre de mi nariz, de mis labios… de mi ceja abierta. Has vuelto a sonreírme y he temido por un momento que pudieras estar leyéndome el pensamiento.

Bueno, ¿vamos? – te he dicho.

Pero ¿adónde?, ¿Por qué tanto secreto?

Cariño, he reservado una habitación en un pequeño y modesto hotelito, quiero que comencemos de nuevo, como tantas veces me has pedido…

Claro que sí, princesa, me alegra oír eso… Yo también quiero poner de mi parte.

Se que me mientes por enésima vez; Me acostumbré a tus mentiras, a ese cinismo que tantas veces me convenció de quererte y creerte, para luego caer en el engaño más cruel, a ser el objeto de tus trampas, a rebajarme y a convertirme en tu muñeca de trapo, para hacerme o deshacerme como te viniera en gana… Fueron demasiadas promesas entonces… y hoy tampoco he debido creerte, ya no he podido confiar en tus palabras dulces, repetidas hasta la saciedad.

Pero ¿por qué has elegido este lugar tan escondido y por qué precisamente ese hotel? – me has preguntado intrigado.

Pues, porque tienes la orden de alejamiento, ¿recuerdas?, no quisiera que te metieras en líos.

Bien princesa, te veo y no te reconozco… ¿Qué te ha hecho cambiar?

Hice una pausa, tragué saliva sin que percibieras ese miedo atroz que te tengo, temiendo que también pudieras descubrir mi mentira y lo que eso pudiera suponer.

Bueno, estaba equivocada, simplemente… me he puesto a pensar… todo este tiempo sin estar juntos, creo que debemos aprovechar y darnos una oportunidad.

Pues podías haber empezado por retirar las denuncias y que se levantara la puta orden de alejamiento…

De nuevo has demostrado tu lucidez y tu seguridad, eso que me hace temerte tanto o más que de las patadas que me propinabas en la cabeza cuando estaba hecha un ovillo en el suelo; Esa seguridad que me hizo dudar por momentos, viéndote como un hombre inteligente, sensato y juicioso ante el inicio de una discusión y que luego cambiaba para convertirse en segundos en un animal despiadado que se reía de mí cuando me sacaba desnuda a la calle en una fría noche oscura y lluviosa.

Cariño, soy la primera que quiere que todo cambie, pero vamos despacio, creo que es lo mejor. De momento quiero que hagamos el amor, como nuestras primeras veces, en este hotelito, como si fuéramos novios ¿no te atrae la idea? – te he afirmado esplendorosa ante mi inventiva estudiada y calculada.

Por supuesto que me apetece. Vayamos…

Ve tu primero, yo iré unos minutos después, es mejor que no nos vean juntos…

Te volví a ver ese gesto de duda ante mi idea, pero al final cuando he posado suavemente mis labios en los tuyos, lo has entendido perfectamente. ¡Ay, lo que puede un beso!

Cuando te vi marchar hacia el hotel, pensé en dejarlo todo… abandonarlo y abandonarte. Tenía miedo, muchísimo miedo, no puedes imaginar cuanto… Sin embargo, tal como te prometí, esperé casi diez minutos y seguí tus pasos hacia el encuentro previsto.

Subí a la habitación y allí estabas, esperándome, con cierto aire de pudor, como aquel chico tímido que me robó el corazón años atrás. Estabas tan guapo, tan elegante como entonces…

No me puedo creer que hayas hecho todo esto… - me has dicho sonriente.

Bueno, al fin y al cabo soy tu mujercita y hoy, además de eso, quiero ser también… tu putita.

Tus ojos han brillado en ese instante con una chispa que te ha convertido en alguien todavía más atractivo y deseado. Pero aun se han abierto más esos ojos cuando has visto despojarme de la gabardina y apreciando que bajo ella no había otra cosa más que un conjunto negro de lencería, diminuto, acompañado de unas medias, liguero y botas altas hasta la rodilla. Te has acercado a mí queriendo abrazarme como un poseso ante tal visión, pero te he detenido poniendo mi mano sobre tus labios queriendo advertirte que las cosas debían ir despacio, haciéndote desear mi cuerpo más que nunca y haciendo que saborearas la espera.

No sé si te has dado cuenta, pero en ese momento me he quedado bloqueada durante un buen rato y es que me he vuelto a preguntar que diablos hacía yo en ese lugar, pensando en Adrián, nuestro hijo, que en ese momento no debía imaginarme allí, junto a su odiado padre, junto a ese hombre que me pegó, humilló y violó en su presencia infinidad de veces.

Despacio y sin dejar que me tocaras, he ido desnudándote y me he sentado junto a ti a los pies de la cama: Primero tu camisa, botón a botón mientras tus manos intentaban aferrarse a mi cintura y a mis pechos, pero una vez más te lo he prohibido, queriendo que aceptaras mis reglas del juego erótico. No has apartado tu mirada de mi cuerpo, admirándome, deseándome. Luego he desabrochado tu pantalón con igual lentitud y también el resto de tu ropa.

Como me tienes querida… - me has dicho casi con desesperación.

Vas a ver a tu nueva mujer. – Lo he dicho con tanta seguridad que hasta yo me lo he creído por un momento.

Quedaste desnudo, sentado a los pies de esa cama y yo arrodillada frente a ti, mirándote a los ojos, descubriendo esa mirada inocente de bondad que tantas veces busqué en ti en estos últimos años. Tu sorpresa ha aumentado cuando complacida sostuve tu miembro erecto con dulzura entre mis dedos y jugué traviesa con mi lengua en su glande. O más cuando tus ojos se han cerrado al introducirme toda esa verga en la boca. Creo que ha sido la primera vez que no me has obligado a hacerlo. Y también creo que has disfrutado más que nunca, quizá por ese mismo motivo.

Cariño, como la chupas, dios, que gusto…

Has disfrutado como nunca…. pero justo en el instante en que he notado que ibas a correrte, me he detenido. Has abierto los ojos como platos intentando buscar una explicación.

¿Qué cojones…?

Schsssssss… - Te he respondido tapando tu boca con dos de mis dedos.

Ni yo misma podía creer la valentía y el poder que estaba ejerciendo sobre ti, incluso sabiendo que tus comportamientos eran impredecibles y salvajes, pero quizás por esa seguridad mía y tu propia alucinación has debido entender que era mejor callar y disfrutar del momento.

¿Por qué paras?

Schssssss – he vuelto a hacer el mismo movimiento.

Me he levantado y caminando con la mayor de mis insinuaciones meneando mis caderas con aire provocador y hasta obsceno, como seguramente nunca me has visto, acercándome hasta mi gabardina colgada junto a la puerta y he sacado de su bolsillo una petaca con tu bebida favorita: vodka helado. Tras pegar un trago, he mantenido el líquido frío en mi boca para luego acercarme, también lentamente, hasta la tuya y pasarte el líquido atemperado.

Dios, ¿qué me estas haciendo? – me has vuelto a preguntar, totalmente hipnotizado por mis acciones y mis nuevo comportamiento.

He repetido la operación varias veces hasta casi dejar la petaca vacía. De mi boca a tu boca una y otra vez, sabiendo que eso te extasiaba y que esa cantidad sería suficiente para tenerte todavía más a mi merced.

Vamos al baño. – te he ordenado a modo de "Ama" y tú, como "esclavo obediente", has cumplido fielmente.

Tras llenar la bañera de agua caliente, te he invitado a que te introdujeras en ella al tiempo que disfrutabas viendo como esta vez era yo la que se desnudaba ante ti, sin que me lo hubieras ordenado enérgicamente como otras veces, ahora ha sido voluntariamente y con toda la sensualidad del mundo hasta quedar entera para ti, que vieras mi cuerpo desnudo, con el mayor de los deseos.

Túmbate – he vuelto a ordenarte y otra vez has obedecido como un corderito. Ni yo misma me reconocí al verme tan envalentonada ni siquiera te reconocí a ti viendo lo complaciente y sumiso que te mostrabas.

Esta vez no has hecho preguntas, no has puesto peros y te has dejado llevar cuando he puesto una venda negra de tela muy suave sobre tus ojos y como con otra te he atado las muñecas esposado y a la vez enganchado al grifo que quedaba por encima de tu cabeza.

Has sonreído y me ha parecido ver cierto temor en esa mueca cuando mi lengua ha bordeado la comisura de tus labios y mis pechos desnudos se han posado suavemente sobre el agua tibia y sobre tu pecho igualmente desnudo. Has suspirado cuando tu miembro duro se ha ubicado sobre mi pubis y cuando he movido mi cintura para acomodarlo entre nuestros cuerpos.

Mantuve un pausado silencio durante unos segundos que se te han debido hacer eternos por el movimiento desesperado de tu cabeza, convertido posteriormente en un sobresalto cuando has notado la cera caliente sobre tu pecho y tus pezones.

¿Qué coño…? – me has dicho asustado… creo que es la primera vez que te he visto así.

Shsssss – he vuelto a hacer mi movimiento de acallar tus quejas – solo es cera caliente… déjame hacer amor… pronto me vas a follar y vas a sentir un placer enorme, schssss…

De nuevo has obedecido, asombrado y callado, recibiendo el último trago del vodka templado que ha salido de mi boca para introducirse en tu garganta como si fueras un débil pajarillo. He visto tu nuez bajar por tu cuello y en ese momento no he sentido miedo, sino pánico, por verme en una situación que me podía desbordar por momentos, que cualquier error me condujera al fracaso más estrepitoso… pero mi otro yo no ha querido abandonar, ya que esas imágenes que tu has visto de placer absoluto sobre tu cuerpo durante esta noche apasionada, han supuesto un grandísimo dolor en el mío durante estos años, cuando herida, mal herida e incluso moribunda acudí varias veces al hospital, víctima de tus brutales palizas soportadas día a día, hasta incluso hacerlas habituales y esperadas. Se puede decir que casi me acostumbré a ellas, por eso ahora el dolor a tus puños no es lo que me tiene atemorizada.

Mi lengua ha vuelto a tu cuello y a tu oreja para decirte entre susurros:

Verás que sensación más agradable…

He respirado profundamente observando tu cuerpo entregado a mis caricias, a mis mordiscos salvajes. Tal y como pensaba, entre el alcohol que has tragado, los ojos vendados y el lazo fuerte que amorataba tus manos blancas, no has podido advertir cómo he rasgado ligeramente con un fino bisturí las venas de tus muñecas mientras introducía de golpe tu pene dentro de mi sexo de un modo casi brutal. Poco a poco he ido cabalgando sobre ti, haciéndote suspirar y gritar de placer, sin que pudieras darte cuenta que tu sangre comenzaba a manar sin cesar de tus muñecas atadas tiñendo el agua de color rosa hasta vernos completamente bañados en sangre; Solo que esta vez no era la mía…

Poco a poco te has ido venciendo a tu propio placer y a la debilidad que se ha apoderado sutilmente de tu cuerpo mientras la vida se te ha ido disipando mezclada con el agua tibia. Ahora te veo dormido, de la misma manera que te quedabas después de haberme violado… tras haberme sodomizado monstruosamente.

Ahí estas: tumbado sobre esta bañera de agua rojiza mientras yo te observo sentada en el borde, acariciando tu pelo y susurrando en tu oído:

Cariño, no te preocupes, todo va ir bien… muy bien…

Ahora que te veo ahí, con un pequeño soplo de vida, me siento mucho más sosegada para explicarte que es lo que me ha llevado a esto. Quizás te estés preguntando cómo es posible que este acto sádico me ha hecho cometer la mayor y más terrible de las locuras… pero créeme que no es nada comparado con todo lo que me has hecho pasar durante este tiempo, nada comparado a todo el sufrimiento… a tus vejaciones, humillaciones, torturas, violaciones…

Piensa amor mío, que a pesar de todo eso… nada me hubiera conducido a cometer la demencia de quitarte la vida y menos de esta manera, pero cuando tu actitud salvaje y atroz no se conformó con destrozar mi cuerpo y mi mente, aun habiendo soportado lo indecible sin haber huido de ti… has buscado a nuestro hijo y esas palizas y humillaciones que me regalabas cruelmente, han ido a parar a él… a nuestro niño indefenso y desconcertado. Es entonces cuando me he convertido en otra mujer, esa que has conocido hoy, capaz de todo… y que ahora te ha asesinado.

Quizás aun me estés oyendo en ese poco aliento que te queda y te preguntes ¿por qué así?, ¿por qué tan cruel y despiadada?. Ni yo misma lo sé, pero lo que en principio me parecía fácil solucionar con un cuchillo, un buen golpe certero o incluso con un sencillo envenenamiento, me hizo pensar de nuevo en nuestro hijo, en ese pequeño que me necesita más que nunca y entonces mi cabeza ha cavilado cada detalle, cada momento… de la manera más fría, más madurada, no sabes hasta que punto puede llegar a trabajar la mente cuando se lo propone.

No he deseado que esto fuera un crimen sin más, que por otro lado hubiera estado incluso justificado, sino que va a parecer que no lo es o al menos he querido intentarlo. Mañana por la mañana no quedará ningún rastro de semejante acto, pues a los pies de tu cuerpo muerto aparecerá la nota que has recibido de mi petición irrevocable de divorcio y que… te ha llevado a suicidarte, cortándote las venas, algo comprensible para el forense que te examine ¿No crees?. Así que todo esto te habrá separado definitivamente de mí, sin que además tenga que pagar por ello. He pensado en todo, querido mío. Lo llevo tramando varias semanas y lo tengo todo atado y bien atado. Por eso me he registrado hace días con otro nombre en este hotel, en otra habitación, disfrazándome incluso con peluca y gafas de sol, para pasar totalmente desapercibida. Tengo además la coartada de encontrarme registrada en otro alejado hotel a más de 500 kilómetros de distancia. Aproveché también para entrar aquí cuando nadie se encontraba en la recepción, por eso entré diez minutos detrás de ti y me iré de igual manera. No habrá huellas, no habrá señales que me delaten, porque me he asegurado de no tocar nada que no sea tu cuerpo, ahora sumergido en agua y sangre. Solo estarán las tuyas sobre este bisturí que ahora deposito entre tus dedos. Me llevo mi única pista que es la venda negra que haré desaparecer, al igual que mi ropa y cualquier signo evidente que me pudiera descubrir. Mañana por la mañana me levantaré en un alejado lugar mientras tú aparentarás haberte asesinado a ti mismo, sin que se investigue más a fondo el asunto. Habrás muerto sin que nadie te haya matado, sino por tu propia maldad… tu odios, tus traiciones… habrás muerto desangrado… como un cerdo… como lo que realmente eres…

Por favor, amor mío, no me guardes ningún rencor y prometo solemnemente hacer lo mismo contigo, no merece la pena… Llévate mi último beso.

Lydia
Categories:

3 comentarios:

Mijail Jackimovich dijo...

Impresionante Lydia. Me ha encantado, tensión hasta el final.

Anónimo dijo...

Wow...me ha gustado...

Kisses

Marc dijo...

No sólo dominas el relato erótico y el histórico sino que también el negro.

Esta perla no tiene nada que envidiar a cualquier exponente de la mejor tradición de la novela negra.

El suspense se mantiene a lo largo de toda la historia en la que progresivamente vas dosificando la trama argumental manteniendo la tensión psicológica del afortunado lector que se deja llevar por tus hábiles palabras y el final es precioso con ese lacónico e irónico "Llévate mi último beso".

Esta bella novela negra corta podría servir de guión para un apasionante corto cinematográfico en blanco y negro, por supuesto.

Nunca me cansaré de darte las gracias por ser como eres.

Un beso.

Subscribe to RSS Feed Follow me on Twitter!